Enfermedades y afecciones
Fracturas por estrés
Los huesos se renuevan constantemente. Cada vez que corres y saltas, tus huesos se desgastan un poco. Cuando descansas un día y te recuperas durmiendo, tus huesos recuperan su resistencia habitual, o incluso se fortalecen. Se trata de una respuesta normal al ejercicio.
Sin embargo, si el hueso se degrada más rápido de lo que tu cuerpo tarda en reconstruirlo, se producirá una lesión por estrés óseo.
Las lesiones por estrés óseo pueden variar en cuanto a su gravedad (es decir, lo graves que son):
- En las primeras fases de una lesión, el hueso puede hincharse o presentar hematomas, lo que se conoce como «reacción de estrés óseo».
- Si no se detecta la lesión y sigues practicando deporte o haciendo ejercicio a pesar del dolor, la presión sobre el hueso puede provocar que este se agriete o se rompa. A esto se le denomina «fractura por estrés».
Causa
Las lesiones por estrés óseo se producen con el paso del tiempo cuando el hueso se ve sometido a una sobrecarga repetitiva debido a un aumento rápido de la actividad física. Esto puede deberse a:
- Aumentar la frecuencia de la actividad, por ejemplo, haciendo ejercicio más días a la semana.
- Un aumento de la duración o la intensidad de una actividad, como correr distancias más largas o empezar un entrenamiento de alto impacto.
Las lesiones por estrés óseo suelen aparecer entre 3 y 4 semanas después de comenzar una nueva rutina de ejercicio o una nueva temporada deportiva.
Incluso en el caso de las personas que no practican deporte, un aumento repentino de la actividad física puede provocar una lesión por sobrecarga ósea. Por ejemplo, si no sueles caminar mucho en tu día a día y acabas caminando más de lo habitual durante las vacaciones, podrías sufrir una lesión.
Una fractura por estrés es una lesión por sobrecarga. Se produce cuando los músculos se fatigan y son incapaces de absorber el impacto adicional. Finalmente, el músculo fatigado transfiere la sobrecarga de tensión al hueso, lo que provoca una pequeña grieta denominada fractura por estrés.
Hay otros factores que pueden aumentar el riesgo de sufrir una lesión ósea por estrés. Los factores de riesgo modificables son aquellos que puedes cambiar, mientras que los factores de riesgo no modificables no se pueden controlar. Estos factores de riesgo pueden ser extrínsecos (que provienen del exterior del cuerpo) o intrínsecos (características propias de cada persona).
Entre los factores de riesgo no modificables se incluyen:
- Sexo biológico: Las mujeres corren un mayor riesgo que los hombres, pero las lesiones por estrés óseo son frecuentes en ambos.
- Raza: Las personas de raza blanca tienen una densidad ósea menor y una estructura ósea más débil que las de otras razas.
- Edad: El riesgo de sufrir lesiones por estrés óseo aumenta con la edad.
- Genética: Es posible que tengas un mayor riesgo de sufrir una lesión ósea por estrés, dependiendo de cómo se expresen tus genes para regular la salud ósea.
- Alineación: Los diferentes grados de altura del arco del pie, la longitud del pie, la longitud de la pierna y la alineación de la rodilla pueden aumentar el riesgo.
- Lesión previa: Una lesión aumenta considerablemente las posibilidades de sufrir otra lesión en el futuro.
Factores de riesgo modificables:
- Fuerza: Un músculo débil no puede absorber tanta fuerza, por lo que esta se transmite al hueso.
- Fatiga: Los músculos y el cuerpo cansados no son capaces de absorber las fuerzas, que, por lo tanto, se transmiten a los huesos.
- Flexibilidad: Los músculos tensos y las articulaciones rígidas no absorben tanta fuerza, por lo que esta se transmite directamente al hueso.
- Biomecánica: La forma en que corres y saltas puede modificar la fuerza que se transmite desde el suelo a través del cuerpo.
- Ingesta energética insuficiente (deficiencia energética relativa en el deporte, conocida como REDS): No ingerir la energía necesaria para tu nivel de actividad física aumenta el riesgo de sufrir una lesión ósea. Más información: Nutrición deportiva
- Recuperación: Las personas que duermen menos de 7 horas cada noche y no se toman días de descanso (días en los que no hacen ejercicio) corren un mayor riesgo de sufrir lesiones por estrés.
- Nutrición: Los niveles bajos de vitamina D pueden provocar una mala cicatrización ósea.
- Calzado: Los zapatos gastados y con poca amortiguación pueden aumentar el riesgo.
- Superficie de entrenamiento: Las superficies duras sin elasticidad (como el hormigón) aumentan la fuerza que se transmite al cuerpo.
- Volumen e intensidad del entrenamiento (lo que se conoce como «carga de entrenamiento»): Empezar nuevas actividades de carrera o salto a las que tu cuerpo no está acostumbrado aumentará el riesgo.
Cualquiera puede sufrir una lesión por estrés óseo, pero esta lesión se da con mayor frecuencia en:
- Personas activas que practican deportes de carrera y salto o actividades recreativas.
- Las personas con más factores de riesgo, aunque tengan niveles de actividad más bajos.
- Las deportistas que practican campo a través, gimnasia y atletismo al aire libre; estas deportistas presentan las tasas más elevadas de fracturas por estrés.
- Las personas que forman parte del ejército.
Las personas que toman determinados medicamentos a largo plazo o padecen enfermedades (como la osteoporosis) que provocan una disminución de la resistencia ósea pueden tener más probabilidades de sufrir una fractura por estrés, incluso durante las actividades cotidianas normales. Este tipo de fractura por estrés se conoce como fractura por estrés por insuficiencia ósea.
Síntomas
Cuando aparece una lesión por estrés óseo, es posible que notes molestias en un punto concreto del hueso. Al principio, las molestias pueden aparecer solo al finalizar la actividad física y durante un breve periodo de tiempo después de la misma. Este dolor suele desaparecer con el reposo.
Si una lesión por estrés óseo se agrava:
- Es posible que sientas molestias al realizar actividad física, al caminar de forma habitual y durante tus actividades cotidianas (tareas domésticas, ir de compras, etc.). En ocasiones, el dolor puede hacer que cojees.
- Es posible que notes dolor cuando estás tumbado en la cama por la noche.
- Es posible que aparezcan hinchazón y hematomas.
Primeros auxilios
Acude a tu médico o profesional sanitario lo antes posible si crees que tienes una lesión ósea por estrés. Si ignoras el dolor, la lesión empeorará y es posible que tardes más en recuperarte.
Hasta tu cita con el médico o el profesional sanitario:
- Descansa y evita las actividades que te provoquen dolor.
- Aplica hielo en la zona si hay hinchazón. Utiliza compresas frías durante 20 minutos cada vez, varias veces al día. No apliques el hielo directamente sobre la piel.
- De venta libre antiinflamatorios no esteroideos (AINE), como el ibuprofeno o el naproxeno, pueden ayudar a aliviar el dolor y reducir la inflamación.
Revisión médica
examen físico
Las lesiones por estrés óseo deben ser evaluadas por un médico o un profesional sanitario si sufres dolor frecuente al practicar deporte. Esto es especialmente importante si presentas múltiples factores de riesgo.
Durante la exploración, el médico o el profesional sanitario comprobará si hay sensibilidad ósea en el punto donde sientes dolor al hacer ejercicio. Si el dolor se localiza en la pierna, es posible que el médico o el profesional sanitario te pida que saltes a la pata coja para ver si eso te provoca dolor.
pruebas de imagen
Para evaluar el hueso en su totalidad, tu médico o profesional sanitario te pedirá una radiografía.
- Si la lesión es más grave, la radiografía puede mostrar signos de que la lesión ósea se está curando o una fisura en el hueso.
- Si te encuentras en las primeras fases de la lesión, la radiografía puede parecer normal, ya que la inflamación ósea no se aprecia en ella.
Si los resultados de las pruebas indican que podrías tener una lesión por estrés óseo, tu médico o profesional sanitario podría optar por iniciar el tratamiento y ver cómo respondes.
- En algunos casos, es posible que soliciten una resonancia magnética, que puede mostrar inflamación ósea.
- Si en la radiografía se observa una fractura por estrés, es posible que se solicite una tomografía computarizada para ver con mayor claridad la rotura ósea.
- Si presentas uno o más factores que aumentan el riesgo de sufrir una disminución de la densidad ósea, o si has sufrido una lesión al realizar una actividad leve, es posible que te prescriban una densitometría ósea (DEXA). Se trata de un tipo de prueba de imagen que evalúa la resistencia de los huesos de todo el cuerpo. Si tienes una densidad mineral ósea baja, es posible que necesites una evaluación nutricional o que debas plantearte tomar medicamentos para fortalecer los huesos. Más información: Prevención y tratamiento de la osteoporosis
Tratamiento
El tratamiento variará en función de la localización de la fractura por estrés y de la gravedad de la misma.
Una lesión por estrés óseo se debe a una sobrecarga del hueso. El tratamiento tiene como objetivo aliviar la carga sobre el hueso para permitir su curación. Por lo tanto, estas lesiones suelen tratarse con:
- Descansa de las actividades que te provoquen dolor. La natación y el ciclismo son buenas alternativas que te permitirán que tu lesión se cure.
- Si sientes dolor al caminar, utiliza un zapato de suela dura, unas botas o unas muletas para aliviar la presión sobre el hueso y permitir que se cure.
- Cirugía. Los huesos que tardan mucho tiempo en curarse pueden requerir una intervención quirúrgica para que la curación sea adecuada. En la mayoría de los casos, esto implica estabilizar los huesos mediante la inserción de algún tipo de fijación interna, como clavos, tornillos, placas o varillas. La mayoría de las veces no es necesario retirar estos implantes una vez que el hueso se ha curado. En ocasiones, el cirujano puede recomendar la retirada de los implantes; suele tratarse de una intervención ambulatoria rápida, lo que significa que podrá volver a casa el mismo día de la intervención.
Recuperación
Las lesiones óseas por esfuerzo suelen tardar al menos tres semanas en curarse, pero si son más graves, pueden tardar hasta tres meses o más.
Las fracturas por estrés de larga duración (es decir, aquellas que se produjeron hace semanas o meses y aún no se han tratado) o las fracturas en zonas de alto riesgo con escaso riego sanguíneo pueden tardar mucho tiempo en curarse. Aunque puede resultar difícil guardar reposo, reanudar las actividades demasiado pronto puede agravar la lesión y retrasar la curación.
El dolor sirve de indicador para determinar cómo está evolucionando tu lesión. Si tienes una fractura, es posible que tu médico te pida que te hagas nuevas radiografías o una tomografía computarizada para evaluar la evolución de la lesión.
Cuando el médico te haya dado el visto bueno para retomar la actividad deportiva, la reincorporación debe ser lenta y gradual, para que el hueso pueda adaptarse al aumento de la carga. Esto puede suponer alternar días de actividad con días de descanso, o incorporar más entrenamiento cruzado, como el ciclismo y la natación. Puede que se necesiten muchas semanas para aumentar poco a poco la frecuencia, la duración y la intensidad del ejercicio hasta recuperar tu nivel de actividad habitual.
Prevención
La prevención de las lesiones por estrés óseo pasa por abordar los factores de riesgo modificables (aquellos que puedes cambiar) como parte de un enfoque holístico (que abarca todo el cuerpo).
Para reducir el riesgo de sufrir una lesión por estrés óseo, ten en cuenta las siguientes recomendaciones:
- Mejora la fuerza y la flexibilidad, para que tus músculos y articulaciones puedan absorber más fuerza y así reducir la carga a la que se ven sometidos los huesos.
- Utiliza el equipamiento adecuado durante el entrenamiento, cambia las zapatillas cuando estén gastadas y tómate tu tiempo para acostumbrarte al equipamiento nuevo.
- Combina diferentes ejercicios (es decir, entrenamiento cruzado) para reducir la cantidad de actividades repetitivas de carrera y salto. Plantéate añadir el ciclismo, el remo y la natación, que son actividades de menor impacto, a tu actividad deportiva o entrenamiento basado en la carrera.
- Dedica tiempo a la recuperación después de las actividades. Duerme al menos 7 horas cada noche y tómate un día completo de descanso cada semana. Haz pausas de descanso de entre 1 y 2 semanas entre temporadas deportivas.
- Empieza poco a poco una nueva temporada deportiva o un nuevo programa de entrenamiento, aumentando gradualmente la intensidad de las actividades de caminar, correr y saltar. Evita pasar de no hacer nada a realizar actividad física a diario en un plazo muy corto.
- Entrena sobre superficies más blandas, como una cinta de correr, una pista o un sendero.
- Asegúrate de ingerir suficiente combustible (calorías) para tu nivel de actividad física. Tu cuerpo necesita energía para fortalecer los huesos durante la recuperación y curar cualquier lesión.
- Optimiza tu ingesta de vitamina D. La vitamina D aumenta los niveles de calcio y es un factor importante para la salud ósea.
- Si sientes dolor, deja de hacer lo que estés haciendo y descansa unos días. Si el dolor persiste, no intentes jugar ni hacer ejercicio a pesar del dolor; acude al médico.
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