Enfermedades y afecciones
Fracturas de la tibia proximal (espinilla)
Una fractura, o rotura, en la espinilla por debajo de la rodilla, se denomina fractura proximal de tibia. La tibia proximal es la parte superior del hueso, donde se ensancha para ayudar a formar la articulación de la rodilla. A esta parte de la tibia, que sirve de soporte a la articulación, se la denomina a veces «meseta»; por ello, las fracturas que se producen en esta zona se denominan a veces «fracturas de meseta».
Además de la fractura ósea, los tejidos blandos (piel, músculos, nervios, vasos sanguíneos y ligamentos) pueden sufrir lesiones en el momento de la fractura. Tanto la fractura ósea como las lesiones de los tejidos blandos deben tratarse de forma conjunta. En muchos casos, es necesaria una intervención quirúrgica para restablecer la fuerza, la movilidad y la estabilidad de la pierna, y reducir el riesgo deartritis.
Anatomía
La rodilla es la articulación del cuerpo que soporta más peso. Dos huesos se unen para formar la articulación de la rodilla:
- El fémur (hueso del muslo)
- La tibia (espinilla)
La patela delante de la articulación para ofrecer cierta protección.
Los ligamentos y los tendones actúan como cuerdas resistentes que mantienen unidos los huesos. También funcionan como limitadores, permitiendo algunos tipos de movimientos de la rodilla y impidiendo otros. Además, la forma de los extremos de los huesos ayuda a mantener la rodilla correctamente alineada.
Descripción
Existen varios tipos de fracturas de la tibia proximal. El hueso puede romperse en línea recta o en múltiples fragmentos (fractura conminuta).
A veces, estas fracturas se extienden hasta la articulación de la rodilla y dividen la superficie del hueso en unas pocas (o muchas) partes. Este tipo de fracturas se denominan fracturas intraarticulares o de meseta tibial.
La superficie superior de la tibia (la meseta tibial) está formada por hueso esponjoso, que tiene un aspecto alveolar y es más blando que el hueso más denso situado en la parte inferior de la tibia. Las fracturas que afectan a la meseta tibial se producen cuando una fuerza empuja el extremo inferior del fémur contra el hueso blando de la meseta tibial, de forma similar a un punzón. El impacto suele provocar que el hueso esponjoso se comprima y quede hundido, como si fuera un trozo de poliestireno pisoteado.
Este daño en la superficie ósea puede provocar una alineación incorrecta de la extremidad y, con el tiempo, puede contribuir a la aparición de dolor, artritis, inestabilidad y pérdida de movilidad.
Las fracturas proximales de tibia pueden ser cerradas —es decir, con la piel intacta— o abiertas. Una fractura abierta se produce cuando un hueso se rompe de tal manera que los fragmentos óseos sobresalen a través de la piel o que una herida penetra hasta el hueso fracturado. Las fracturas abiertas suelen conllevar un daño mucho mayor en los músculos, tendones y ligamentos circundantes. Presentan un mayor riesgo de complicaciones, como infecciones, y tardan más tiempo en curarse.
Causa
Una fractura de la parte superior de la tibia puede producirse por estrés (pequeñas roturas debidas a una actividad excesiva e inusual) o por un hueso ya debilitado (como en casos de cáncer o infección). Sin embargo, la mayoría son consecuencia de un traumatismo (lesión).
Los jóvenes suelen sufrir estas fracturas como consecuencia de lesiones de alta energía, como una caída desde una altura considerable, traumatismos relacionados con la práctica deportiva o accidentes de tráfico.
Las personas mayores con una menor calidad ósea (como las que padecenosteoporosis) suelen sufrir estas fracturas tras una lesión de baja energía, como una caída desde la posición de pie.
Síntomas
Una fractura de la tibia proximal puede provocar:
- Dolor que se agrava al apoyar el peso sobre la pierna afectada
- Hinchazón alrededor de la rodilla y limitación en la flexión de la articulación
- Deformidad: la rodilla puede parecer «desalojada»
- Pie pálido y frío. Unaspecto pálido o una sensación de frío en el pie pueden indicar que el riego sanguíneo del pie se ve afectado de alguna manera.
- Entumecimiento en la zona del pie. El entumecimiento, o la sensación de hormigueo, en la zona del pie hace sospechar de una lesión nerviosa o de una hinchazón excesiva en la pierna.
Si presentas estos síntomas tras una lesión, acude al servicio de urgencias del hospital más cercano para que te examinen.
Revisión médica
Historia clínica y examen físico
Tu médico:
- Pide más detalles sobre cómo se produjo la lesión
- Hablaré contigo sobre tus síntomas y cualquier otro problema médico que puedas tener, como la diabetes
- Examina los tejidos blandos que rodean la articulación de la rodilla, prestando atención a la presencia de hematomas, hinchazón y heridas abiertas.
- Evalúa la inervación y la irrigación sanguínea de la pierna y el pie lesionados
Pruebas
- Radiografías. La forma más habitual de evaluar una fractura es mediante radiografías, que proporcionan imágenes nítidas de los huesos. Las radiografías permiten determinar si un hueso está intacto o roto. También permiten identificar el tipo de fractura y su ubicación dentro de la tibia.
- Tomografía computarizada (TC). Una TC muestra más detalles sobre la fractura. Puede proporcionar a tu médico información valiosa sobre la gravedad de la fractura y ayudarle a decidir si es necesario tratar la fractura y cómo hacerlo.
- Resonancia magnética (RM). Una resonancia magnética proporciona imágenes nítidas de los tejidos blandos, como los tendones y los ligamentos. Aunque no es una prueba habitual para las fracturas de tibia, tu médico puede solicitar una resonancia magnética para ayudar a determinar si hay lesiones adicionales en los tejidos blandos que rodean la rodilla. Además, si presentas todos los signos de una fractura de la meseta tibial, pero las radiografías son negativas, tu médico puede solicitar una resonancia magnética. Cuando el hueso sufre una lesión, suele producirse una reacción en la médula ósea que puede detectarse en la RM y que indica que se ha producido una fractura.
Tratamiento
Una fractura de la tibia proximal puede tratarse de forma no quirúrgica o quirúrgica. Ambas formas de tratamiento conllevan ventajas y riesgos.
La decisión de someterse a una intervención quirúrgica la toman conjuntamente el paciente, su familia y el médico. Por lo tanto, el tratamiento más adecuado se basa tanto en el tipo de lesión como en las necesidades generales del paciente.
A la hora de planificar el tratamiento, tu médico tendrá en cuenta varios aspectos, entre ellos tus expectativas, tu estilo de vida y tu estado de salud, así como los detalles concretos de tu lesión.
En una persona activa, suele ser adecuado restaurar la articulación mediante cirugía, ya que esto maximizará la estabilidad y la movilidad de la misma y minimizará el riesgo de artritis.
Sin embargo, en otras personas, la cirugía puede tener un beneficio limitado. Los problemas médicos o las afecciones preexistentes en las extremidades podrían hacer que fuera poco probable que la persona se beneficie de la intervención. En tales casos, la cirugía solo podría exponer a estas personas a sus riesgos (como la anestesia y la infección, por ejemplo).
Atención de urgencias
Fracturas abiertas. Si la piel está lacerada y hay una herida abierta, la fractura subyacente puede quedar expuesta a bacterias que podrían provocar una infección. El tratamiento quirúrgico precoz permitirá limpiar las superficies de la fractura y los tejidos blandos para reducir el riesgo de infección.
Fijación externa. Si los tejidos blandos (piel y músculos) que rodean la fractura están muy dañados, o si por motivos de salud tardará algún tiempo en poder someterse a una intervención quirúrgica más prolongada, es posible que su médico le coloque un fijador externo temporal. En este tipo de intervención, el cirujano coloca clavos o tornillos metálicos en el centro del fémur y la tibia. Los clavos y tornillos se fijan a una barra situada fuera de la piel. Este dispositivo mantiene los huesos en la posición correcta hasta que el paciente esté preparado para la intervención quirúrgica.
Síndrome compartimental. En un pequeño número de lesiones, la inflamación de los tejidos blandos de la pantorrilla puede ser tan grave que ponga en peligro el riego sanguíneo de los músculos y los nervios de la pierna y el pie. Esto se denomina síndrome compartimental, que se considera una urgencia médica y puede requerir una intervención quirúrgica inmediata.
Durante la intervención, denominada fasciotomía, el cirujano realiza incisiones verticales para liberar la piel y las capas musculares. Estas incisiones suelen dejarse abiertas y se suturan días o semanas más tarde, a medida que los tejidos blandos se recuperan y la inflamación remite. En algunos casos, es necesario realizar un injerto de piel para ayudar a cubrir la incisión y estimular la cicatrización.
Tratamiento no quirúrgico
El tratamiento no quirúrgico puede incluir la aplicación de yesos y ortesis, además de restricciones en el movimiento y la carga de peso.
Es muy probable que tu médico te pida que te hagas radiografías adicionales durante tu recuperación para comprobar si los huesos se están curando bien mientras llevas el yeso.
El movimiento de la rodilla y las actividades con carga de peso se reanudan en cuanto la lesión y el método de tratamiento lo permitan.
Tratamiento quirúrgico
Existen varios métodos que un cirujano puede utilizar para alinear los fragmentos óseos fracturados y mantenerlos en su sitio mientras se curan.
Fijación interna. Durante este tipo de intervención, primero se reducen los fragmentos óseos (se recolocan en su posición normal). A continuación, se fijan entre sí mediante dispositivos especiales, como una varilla intramedular o placas y tornillos.
En los casos en los que se fractura el cuarto superior (1/4) de la tibia, pero la articulación no resulta lesionada, el cirujano puede utilizar una varilla o una placa para estabilizar la fractura. La varilla se coloca en la cavidad medular hueca situada en el centro del hueso. La placa se coloca en la superficie externa del hueso.
Las placas y los tornillos se utilizan habitualmente en las fracturas que afectan a la articulación. Si la fractura se extiende hasta la articulación de la rodilla y empuja el hueso hacia abajo, puede ser necesario elevar los fragmentos óseos para restablecer la función articular.
Sin embargo, al volver a colocar estos fragmentos en su sitio, se crea un hueco en el hueso de soporte de esta zona, ya que el hueso se ha compactado (comprimido) hacia abajo a causa de la lesión. Este hueco debe rellenarse con material para evitar que el hueso se colapse. Este material puede ser un injerto óseo procedente del propio cuerpo del paciente o de un banco de huesos. También pueden utilizarse productos sintéticos (artificiales) o naturales (biológicos) que estimulen la cicatrización ósea.
Los fijadores externosson otra herramienta terapéutica. En algunos casos, el estado de los tejidos blandos es tan delicado que el uso de una placa o una varilla podría agravar aún más la lesión.
Se puede considerar el uso de un fijador externo (descrito en el apartado «Atención de urgencias» más arriba) como tratamiento inicial o definitivo. El fijador externo se retira cuando la lesión se ha curado.
Recuperación
Tratamiento del dolor
El dolor tras una lesión o una intervención quirúrgica forma parte naturalmente del proceso de curación. Tu médico se encargará de aliviar tu dolor, lo que te ayudará a recuperarte más rápido.
A menudo se recetan medicamentos para aliviar el dolor a corto plazo tras una intervención quirúrgica o una lesión. Existen muchos tipos de medicamentos que ayudan a controlar el dolor, entre ellos opioides y antiinflamatorios no esteroideos (AINE)y los anestésicos locales. Su médico puede utilizar una combinación de estos medicamentos para mejorar el alivio del dolor, así como para minimizar la necesidad de recurrir a opioides.
opioides proporcionar un excelente alivio del dolor; sin embargo, su uso conlleva riesgos y complicaciones. Estos medicamentos pueden crear adicción y ser potencialmente peligrosos. Por lo tanto, es importante tomar opioides según las indicaciones de tu médico, utilizar la menor dosis posible durante el menor tiempo posible y dejar de tomarlos tan pronto como el dolor empiece a mejorar. Consulta a tu médico si el dolor no ha empezado a mejorar a los pocos días de iniciar el tratamiento.
Moción preliminar
Tu médico decidirá cuándo es el mejor momento para empezar a mover la rodilla con el fin de evitar la rigidez. Esto depende de cómo se estén recuperando los tejidos blandos (piel y músculos) y de la estabilidad de la fractura tras su fijación.
La mobilización temprana a veces comienza con ejercicios pasivos: un fisioterapeuta puede mover suavemente la rodilla por ti, o bien se puede colocar la rodilla en una máquina de movimiento pasivo continuo que sujeta y mueve la pierna por ti.
Si el hueso se ha fracturado en varios fragmentos o está débil, es posible que la curación tarde más tiempo y que el médico tarde más en recomendarle actividades que impliquen movimiento.
Con carga
Para evitar problemas, es muy importante que sigas las instrucciones de tu médico a la hora de apoyar el peso sobre la pierna lesionada.
Tanto si tu fractura se trata con cirugía como si no, lo más probable es que tu médico te desaconseje apoyar todo el peso sobre la pierna hasta que se haya producido cierta cicatrización. Esto puede requerir hasta tres meses o más de recuperación antes de que puedas apoyar todo el peso de forma segura. Durante este tiempo, necesitarás muletas, un andador o una silla de ruedas para desplazarte. También puedes llevar una rodillera para obtener un apoyo adicional.
Tu médico te programará radiografías periódicas para comprobar cómo evoluciona la curación de tu fractura. Si te tratan con una férula o un yeso, estas radiografías periódicas le permiten a tu médico comprobar si el hueso está cambiando de posición.
Una vez que tu médico determine que no hay riesgo de que la fractura se desplace, podrás empezar a apoyar más peso sobre la pierna. Sin embargo, aunque puedas apoyar peso sobre la pierna, es posible que sigas necesitando muletas o un andador en algunas ocasiones.
Rehabilitación
Cuando te permitan apoyar el peso sobre la pierna, es muy normal sentirte débil, inestable y con rigidez. Aunque esto es de esperar, asegúrate de comentar tus preocupaciones con tu médico y tu fisioterapeuta. Se diseñará un plan de rehabilitación para ayudarte a recuperar la mayor funcionalidad posible.
Tu fisioterapeuta es como un entrenador que te guía a lo largo de tu rehabilitación. Tu compromiso con la fisioterapia y el hecho de tomar decisiones saludables pueden marcar una gran diferencia en tu recuperación.
Por ejemplo, si fumas, es posible que tu médico o terapeuta te recomiende que dejes de fumar. Fumar puede afectar a la capacidad de cicatrización del hueso. Tu médico o terapeuta puede recomendarte servicios profesionales que te ayuden a dejar de fumar. Véase también: Cirugía y tabaquismo
Resultado
Dado que las fracturas proximales de tibia pueden afectar a una articulación que soporta el peso en personas activas, existen algunos riesgos a largo plazo. Entre ellos se incluyen la pérdida de movilidad y estabilidad de la rodilla, así como la artritis crónica.
Tu médico te explicará cuáles son tus inquietudes personales, los riesgos y las expectativas razonables. También te explicará el impacto que estos aspectos pueden tener en las actividades de la vida diaria, el trabajo, las responsabilidades familiares y las actividades de ocio.
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