Enfermedades y afecciones
Espondilitis anquilosante
Anatomía
La espondilitis anquilosante puede afectar a:
- Los huesos y tejidos que rodean la columna vertebral y pelvis. La articulación sacroilíaca es una de las zonas en las que se pueden observar primero los cambios provocados por la enfermedad. Las articulaciones sacroilíacas conectan la base triangular inferior de la columna vertebral (el sacro) con una parte de la pelvis el ilion).
- Las entesis. Las entesis son los puntos de unión entre los huesos y los ligamentos, los tendones o las articulaciones. Estas zonas pueden inflamarse. Por ejemplo, el tendón de Aquiles, situado en el talón, puede doler y endurecerse.
- Los ojos, en una afección denominada uveítis. Se produce cuando el sistema inmunitario ataca la úvea, es decir, la capa intermedia del ojo, que incluye el iris. Si la úvea se inflama, el ojo se enrojece, duele y se vuelve sensible a la luz.
Descripción
- Al principio, la espondilitis anquilosante puede provocar pequeños cambios que se aprecian en las radiografías, pero que no causan síntomas.
- Con el tiempo, la espondilitis anquilosante puede provocar que los huesos de la espalda se unan entre sí —lo que se conoce como fusión—, lo que puede dificultar el movimiento.
Causa
- Sexo. Los hombres padecen espondilitis anquilosante aproximadamente el doble que las mujeres.
- Antecedentes familiares. Tener un familiar cercano con espondilitis anquilosante aumenta la probabilidad de que tú también desarrolles esta enfermedad. Los familiares directos (padres, hermanos e hijos) con espondilitis anquilosante son los que más influyen en tu riesgo de desarrollarla, mientras que otros familiares, como los abuelos, las tías y los tíos, tienen una influencia menor en dicho riesgo. Es probable que la espondilitis anquilosante se transmita de padres a hijos a través de un gen llamado HLA-B27. Hay más de 100 genes adicionales que también están relacionados con la espondilitis anquilosante. Sin embargo, no todas las personas que tienen estos genes acabarán padeciendo espondilitis anquilosante. Los científicos creen que esto se debe a que varios factores de riesgo se combinan para determinar si se desarrolla la espondilitis anquilosante.
- Consumo de tabaco. Fumar (incluidos los cigarrillos electrónicos o el vapeo) aumenta el riesgo de desarrollar espondilitis anquilosante. Más información: El tabaquismo y la salud musculoesquelética
- Trabajo físicamente exigente. Las personas con espondilitis anquilosante que realizan trabajos físicamente más exigentes pueden sufrir más dolor y cambios más rápidos en la columna vertebral que aquellas con trabajos menos exigentes físicamente.
- Vitamina D. Las personas con niveles más altos de vitamina D pueden tener menos probabilidades de padecer espondilitis anquilosante. Más información: La vitamina D para una buena salud ósea
- Microbioma intestinal. Las bacterias presentes en el intestino también pueden influir en el riesgo de desarrollar espondilitis anquilosante. Esto podría constituir una vía para tratar la espondilitis anquilosante en el futuro, a medida que los médicos y los científicos comprendan mejor el papel que pueden desempeñar las bacterias intestinales en el desarrollo de la enfermedad.
Síntomas
- Dolor de espalda y rigidez. Este dolor suele aparecer al inicio de la edad adulta (antes de los 45 años). Las personas con espondilitis anquilosante suelen presentar dolor de espalda y rigidez que se agrava por las mañanas y que puede hacer que se despierten por la noche. Este dolor mejora con el ejercicio.
- Dolor y rigidezen el cuello. Al igual que el dolor de espalda, puede ser más intenso a primera hora de la mañana (justo al despertarse) y mejorar con el ejercicio.
- Fatiga. Muchas personas con espondilitis anquilosante sufren un cansancio abrumador que puede aparecer y desaparecer.
- Menor flexibilidad en la columna vertebral. Mover la columna puede resultar más difícil debido al dolor y la rigidez en la espalda y las caderas. Las vértebras de la columna pueden fusionarse entre sí. Esto puede dificultar inclinarse hacia delante o el movimiento de la columna.
- Dolor en zonas distintas de la espalda. A veces pueden verse afectadas las caderas, las rodillas o los hombros.
- Entesitis. Pueden aparecer dolor y rigidez en los puntos de inserción de los tendones, ligamentos y cápsulas articulares (por ejemplo, en el talón, la rodilla, la cadera, el codo y la columna vertebral).
- Ojos enrojecidos, doloridos y sensibles. Algunas personas con espondilitis anquilosante pueden desarrollar uveítis anterior. Se trata de una afección en la que el sistema inmunitario ataca la capa media del ojo, incluido el iris.
- Síntomas digestivos. Las personas con espondilitis anquilosante pueden presentar diarrea o estreñimiento, sangre en las heces, dolor abdominal, calambres, acidez estomacal u otros síntomas digestivos. Aproximadamente entre el 5 % y el 10 % de las personas con espondilitis anquilosante padecen también una enfermedad inflamatoria intestinal (EII).
- Fracturas vertebrales y complicaciones neurológicas. La espondilitis anquilosante suele provocar osteoporosis, ya que la inflamación puede desgastar el hueso sano con el paso del tiempo. Esto aumenta la probabilidad de que las personas con EA sufran fracturas en la columna vertebral y, en ocasiones, problemas graves en el sistema nervioso.
- Problemas cardíacos. En casos excepcionales, la inflamación provocada por la EA puede afectar al corazón. Esto puede provocar hipertensión arterial, problemas en la aorta o en las válvulas aórticas, o alteraciones en las señales eléctricas del corazón (como latidos cardíacos anormales o arritmias).
Revisión médica
Historia clínica y examen físico
pruebas de imagen
Tratamiento
Tratamiento no quirúrgico
- Los inhibidores del TNF pueden provocar, en ocasiones, tos, dolor de estómago o cansancio.
- Los inhibidores de la IL-17 a veces provocan diarrea o agravan la enfermedad inflamatoria intestinal.
- Todos estos medicamentos pueden aumentar el riesgo de sufrir infecciones, ya que afectan al sistema inmunitario.
- Es posible que debas someterte a una prueba de detección de tuberculosis antes de empezar a tomar estos medicamentos, ya que pueden provocar que la tuberculosis se reactive en personas que ya padecen esta enfermedad.
Tratamiento quirúrgico
- La cirugía es importante si los huesos de la columna vertebral se vuelven inestables, presionan un nervio o provocan curvaturas graves en la columna.
- Del mismo modo, la intervención quirúrgica es importante si empiezas a tener dificultades para respirar o tragar.
- Otra razón por la que se puede recurrir a la cirugía es si sufres un dolor intenso que te impide realizar tus actividades cotidianas y los demás tratamientos no te ayudan.
Conclusión
- Aunque no existe una cura para la EA, la mayoría de las personas que la padecen pueden disfrutar de una buena calidad de vida y seguir haciendo las cosas que les importan.
- Los tratamientos no quirúrgicos en las primeras fases, como los medicamentos antiinflamatorios, la fisioterapia y los cambios en el estilo de vida, pueden influir considerablemente en la evolución de los síntomas a lo largo del tiempo. Es importante seguir una dieta equilibrada, controlar el estrés, hacer ejercicio con regularidad y dormir lo suficiente. Y si fumas o utilizas cigarrillos electrónicos, toma medidas para dejarlo.
- Es posible que tu médico te recete medicamentos, como los biológicos, para ayudarte a mantenerte activo y controlar los síntomas.
- Por lo general, no es necesario recurrir a tratamientos quirúrgicos, pero la cirugía puede ser una buena opción si tienes problemas graves en la columna vertebral.
- Gracias a los tratamientos disponibles en la actualidad, una persona con espondilitis anquilosante suele tener la misma esperanza de vida que alguien que no padece la enfermedad. Sin embargo, la espondilitis anquilosante puede dar lugar a algunos problemas que ponen en peligro la vida, como enfermedades cardiovasculares y fracturas vertebrales, por lo que es importante recibir atención médica periódica, además de controlar los síntomas de la enfermedad.
Llevar una enfermedad crónica no es fácil. Sé sincero con tu equipo médico respecto a los síntomas que padeces y busca el apoyo de tus seres queridos y/o de un grupo de apoyo.
Referencia sobre los factores de riesgo de la espondilitis anquilosante: Hwang MC, Ridley L, Reveille JD. «Factores de riesgo de la espondilitis anquilosante: una revisión sistemática de la literatura». Clin Rheumatol. Agosto de 2021; 40(8):3079-3093.
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