Tratamiento
Injertos óseos en la cirugía de columna»
La fusión vertebral es una de las intervenciones quirúrgicas más habituales que se realizan en el cuello o la espalda. La idea básica consiste en fusionar los huesos dolorosos o inestables de la columna vertebral para que se unan y formen un único hueso sólido.
Aunque en ocasiones los huesos pueden fusionarse por sí solos, los cirujanos de columna utilizan diversas estrategias durante la intervención quirúrgica para facilitar este proceso y aumentar las posibilidades de que la fusión sea satisfactoria, entre ellas, diversos tipos de injertos óseos y otras sustancias complementarias.
Para que la fusión ósea se produzca con éxito, normalmente deben darse las siguientes condiciones:
- Estabilidad durante el proceso de fusión. Por ello, se utilizan tornillos, varillas y/o placas para mantener los huesos inmovilizados.
- Células capaces de generar hueso, proteínas que estimulen la formación ósea y un andamio sobre el que se pueda formar el hueso. Si un material de injerto óseo reúne todas estas propiedades, puede generar hueso con éxito. Si carece de una o varias de estas propiedades, el material de injerto óseo debe combinarse con otros materiales de injerto.
Hoy en día existen muchas opciones de injertos óseos. El injerto o la combinación de injertos más adecuados para ti dependerá de la sección de la columna que sea necesario fusionar, de tu edad y de tu estado de salud general. Tu cirujano te explicará las opciones disponibles.
Tipos de injertos óseos
Autoinjerto óseo local
En la mayoría de las intervenciones de fusión vertebral, durante la cirugía se extirpan partes de los huesos de la columna vertebral. A menudo, ese hueso extirpado se conserva durante la intervención y se utiliza como injerto. Básicamente, el hueso se recicla: se traslada de una zona en la que ya no es necesario a la zona que el cirujano desea fusionar.
Las ventajas de utilizar hueso autólogo son:
- Se trata del propio hueso del paciente y, por lo tanto, no puede ser rechazado.
- No requiere ninguna incisión adicional.
- Este injerto reúne todas las propiedades necesarias para generar más hueso y que se produzca la fusión.
La única desventaja es que la cantidad de hueso que se puede extraer de esta zona es limitada y, a veces, no resulta suficiente.
Autoinjerto
La técnica habitual que se utiliza en la fusión consiste en extraer hueso de una parte del cuerpo del paciente (extracción) y trasladarlo (injerto) a otra parte del cuerpo, como la columna vertebral. Este tipo de injerto óseo se denomina autoinjerto.
El cirujano suele extraer el hueso de una zona del cuerpo en la que su extracción no suponga ningún problema. En la cirugía de columna, el hueso se extrae normalmente de la cresta ilíaca, que es el borde del hueso pélvico. El cirujano utiliza instrumentos afilados para extraer el hueso de la cresta ilíaca.
El hueso extraído de la cresta ilíaca se ha utilizado con buenos resultados. Las ventajas de utilizar un autoinjerto de la cresta ilíaca son:
- Contiene células, proteínas y una estructura de soporte que favorece la cicatrización ósea.
- Se trata del hueso del propio paciente y, por lo tanto, no se produce rechazo.
Las desventajas de utilizar un autoinjerto de la cresta ilíaca son:
- El cirujano debe realizar otra incisión, lo que conlleva sus propios riesgos.
- Puede producirse dolor en la zona de extracción.
- La cantidad de hueso presente en la cresta ilíaca es limitada, sobre todo a medida que envejecemos y nuestros huesos se vuelven más delgados y débiles.
- La cresta ilíaca puede fracturarse o romperse.
- Puede producirse una infección o una hemorragia.
Con la aparición de nuevas tecnologías, esta técnica se ha ido utilizando cada vez menos. En la actualidad, los cirujanos suelen reservar esta técnica, más invasiva, para pacientes de alto riesgo. Entre ellos se incluyen los pacientes que han tenido dificultades para lograr la fusión en el pasado, los que fuman o aquellos que, por otros motivos, tienen menos probabilidades de conseguirla.
Hueso de cadáver o aloinjerto óseo
Muchos cirujanos utilizan hueso extraído de un donante o de un cadáver. Este tipo de injerto —denominado aloinjerto— suele obtenerse a través de un banco de huesos. Al igual que otros órganos, el hueso puede donarse tras la muerte. Tras la donación, el hueso se esteriliza y se liofiliza.
Los aloinjertos se utilizan desde hace mucho tiempo en la cirugía de fusión vertebral. A diferencia de los autoinjertos, que se extraen del propio paciente, los aloinjertos no generan hueso nuevo por sí mismos. En cambio, el aloinjerto actúa como un andamio sobre el que nuestro cuerpo puede formar hueso nuevo. Con el tiempo, el hueso natural sustituye al hueso del donante.
Las ventajas de utilizar aloinjertos son:
- El injerto óseo alogénico se presenta en diferentes formas y tamaños para adaptarse a la zona de la columna vertebral donde se necesita.
- En la mayoría de los casos, los aloinjertos contribuyen eficazmente a la cicatrización ósea.
- Dado que el hueso del donante está inerte y se utiliza únicamente como soporte para el crecimiento óseo, es muy raro que el tejido sea rechazado. Por lo tanto, este injerto no necesita contener células ni proteínas para estimular el crecimiento.
- La transmisión de enfermedades a través del hueso del donante también es muy poco frecuente.
Productos biológicos o proteínas
Todos tenemos proteínas en nuestro organismo que estimulan de forma natural el crecimiento óseo. Una proteína especialmente eficaz para estimular el crecimiento óseo es la proteína morfogénica ósea (BMP). La BMP sintética se lleva utilizando desde hace tiempo para favorecer fusiones vertebrales sólidas y es una opción habitual de injerto.
El uso del BMP se ha estudiado ampliamente y se ha demostrado que aumenta las tasas de fusión con riesgos adicionales mínimos. El BMP puede provocar hinchazón local y, por lo tanto, no se suele utilizar en cirugías del cuello anterior (intervenciones realizadas a través de la parte delantera del cuello) debido al riesgo de compresión de las vías respiratorias.
Matriz ósea desmineralizada (DBM)
El DBM se obtiene extrayendo el calcio del hueso. De este modo se crea un andamio que cuenta con las proteínas y la estructura necesarias para que se forme hueso nuevo en su interior.
La desventaja de este injerto es que no contiene células capaces de formar hueso. Al igual que los aloinjertos, el DBM actúa como andamio para el crecimiento óseo. Debido a la ausencia de células óseas, el DBM depende del propio organismo o de otras sustancias añadidas para generar hueso.
Hueso sintético
Los injertos óseos sintéticos están fabricados con materiales a base de calcio y suelen denominarse «cerámicas». Su forma y consistencia son similares a las del hueso autólogo. Las cerámicas tienen la ventaja de que se fabrican sin utilizar hueso de cadáver y están disponibles en grandes cantidades.
Al igual que el DBM, estos injertos no contienen células capaces de convertirse en hueso. Tampoco contienen proteínas que estimulen el crecimiento. Por ello, para que los injertos sintéticos tengan éxito, suelen combinarse con otros productos óseos.
Células madre
Las células madre pueden obtenerse del propio paciente, de un donante vivo o de un cadáver. Las células madre son células vivas que pueden transformarse en células óseas y facilitar la fusión. Es poco probable que provoquen un rechazo tisular, ya que se trata de células primitivas que aún no se han diferenciado (transformado) en tipos celulares específicos.
Aunque las células madre resultan prometedoras en muchos campos de la medicina, hay pocas pruebas que respalden su uso habitual en la cirugía de columna para lograr la fusión. Aunque las células madre poseen las tres propiedades necesarias para formar hueso, probablemente no haya suficientes células vivas para que puedan hacerlo por sí solas.
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