Tratamiento
Cuidado del pie diabético
Los problemas relacionados con el pie diabético constituyen un grave problema de salud y son una causa frecuente de hospitalización.
- Las complicaciones en los pies afectan a más del 20 % de los pacientes con diabetes. Si no se tratan a tiempo, pueden derivar en úlceras del pie diabético o en artropatía de Charcot (también conocida, más sencillamente, como «pie de Charcot»).
- Según la Asociación Americana de Diabetes, aproximadamente el 20 % de los pacientes con diabetes son hospitalizados debido a problemas en los pies.
La mayoría de los problemas en los pies que padecen las personas con diabetes se deben a dos complicaciones graves de la enfermedad:
Daño nervioso
- La falta de sensibilidad en los nervios dañados puede provocar la aparición de un callo o una ampolla preulcerosa en una zona de presión. Posteriormente, ese callo o ampolla puede romperse y convertirse en una herida que puede infectarse en cuestión de días.
- El daño nervioso crónico (neuropatía periférica) también puede provocar sequedad y grietas en la piel, lo que facilita que las bacterias penetren en el pie y provoquen una infección.
Mala circulación (enfermedad arterial periférica o EAP)
- La mala circulación, otra complicación habitual de la diabetes, puede retrasar aún más la cicatrización de las heridas y aumentar el riesgo de sufrir una infección en los pies.
Las consecuencias pueden ir desde la hospitalización para recibir tratamiento con antibióticos hasta la amputación de un dedo del pie o del pie completo. Para las personas con diabetes, la revisión diaria y minuciosa de los pies es fundamental para la salud general y para prevenir problemas graves en los pies.
Cuidados generales del pie diabético
- Nunca camines descalzo, ni siquiera en casa. El daño nervioso reduce la sensibilidad, por lo que es posible que no te des cuenta de que se te han metido piedrecitas u otros objetos en el pie, o de que se te han producido pequeños cortes. Esto puede provocar una infección grave. Llevar siempre zapatos o zapatillas reduce este riesgo (solo asegúrate de que las suelas sean antideslizantes para evitar caídas).
- Nunca utilices una almohadilla térmica, una bolsa de agua caliente ni una manta eléctrica cerca de los pies. Además, no coloques los pies cerca de calefactores ni de una chimenea, ya que puedes quemarte fácilmente sin darte cuenta.
- Lávate los pies todos los días con jabón suave y agua tibia. Comprueba primero la temperatura del agua con la mano. No te dejes los pies en remojo. Al secártelos, da pequeños toques con una toalla en cada pie en lugar de frotarlos con fuerza. Ten cuidado al secarte entre los dedos de los pies.
- Utiliza cremas hidratantes recomendadas para mantener la piel de los pies suave e hidratada. Esto evita las grietas causadas por la sequedad y reduce el riesgo de infección. No te apliques loción entre los dedos de los pies. Ten cuidado con los medicamentos de venta libre que se compran en la farmacia. No utilices parches medicinales en los callos ni en las verrugas.
- Córtate las uñas de los pies en línea recta. Evita cortar las esquinas. Utiliza una lima de uñas o una lima de papel. Si detectas una uña encarnada, acude al médico. Un buen cuidado de las uñas es importante para prevenir infecciones.
- Mantén los pies calientes y secos. No dejes que se te mojen con la nieve o la lluvia. En invierno, lleva siempre calcetines de abrigo y calzado impermeable.
- DO fumes. Fumar daña los vasos sanguíneos y reduce la capacidad del organismo para transportar oxígeno. Si se combina con la diabetes, aumenta considerablemente el riesgo de sufrir una amputación. Más información: El tabaquismo y la salud musculoesquelética
- No te quites tú mismo los callos ni las durezas. Acude a un especialista en pies y tobillos para recibir el tratamiento adecuado.
- Acude periódicamente a revisiones de los pies con un especialista en pies y tobillos para prevenir complicaciones.
Inspección
- Revísate los pies todos los días en una habitación bien iluminada.
- Fíjate si hay heridas por pinchazo, moratones, callos, enrojecimiento, calor, ampollas, úlceras, arañazos, cortes, cambios en el aspecto y el tacto de las uñas de los pies, y enrojecimiento alrededor de las uñas.
- Observa y palpa cada pie para detectar hinchazón o aumento de la temperatura. La hinchazón y el aumento de la temperatura en un pie y no en el otro son un signo precoz de que podrías estar padeciendo el síndrome de Charcot (se pronuncia «sharko»). Esta afección, que provoca el debilitamiento de los huesos y las articulaciones del pie, puede aparecer en personas que padecen neuropatía periférica. Puede ser necesario utilizar plantillas ortopédicas a medida o una bota ortopédica para evitar un mayor colapso del arco plantar.
- Examina la planta de los pies y los dedos. Fíjate también en las puntas de los dedos, los espacios entre ellos, las esquinas de las uñas y la parte posterior del talón. Fíjate si hay un aumento de la presión en las zonas con deformidades, como juanetes o dedos en martillo. Fíjate también en los dedos de los pies para detectar decoloración (cambio de color), cambios de temperatura e hinchazón. Si te aparecen zonas de presión o callos preulcerosos relacionados con una deformidad o una neuropatía periférica, acude a un especialista en pie y tobillo para que te prescriba calzado diabético a medida.
Si no puedes verte la planta del pie ni los pies, pide ayuda a alguien o utiliza un espejo. Es fundamental comprobar si hay lesiones cutáneas (daños, como llagas o úlceras), cambios en el color de la piel y la aparición de nuevos callos o ampollas. Acude sin demora a un especialista en pies y tobillos si tienes alguna duda.
Calzado
Elige y ponte los zapatos con cuidado. Unos zapatos que no se ajusten bien pueden provocar una úlcera y dar lugar a una infección.
- Compra zapatos nuevos al final del día, cuando los pies están más hinchados. Elige zapatos que sean cómodos desde el primer momento, sin necesidad de «amoldarlos».
- Comprueba cómo te quedan los zapatos en cuanto a anchura, longitud, parte trasera, parte inferior del talón y suela. Hazte medir los pies cada vez que compres zapatos nuevos. La forma de tus pies cambiará debido a que la deformidad empeore o a que los pies se vuelvan más planos con el paso del tiempo.
- Evita los modelos de punta afilada y los tacones altos. Intenta elegir zapatos con la parte superior de piel y puntera ancha.
- Lleva los zapatos nuevos solo durante 2 horas o menos cada vez. No te pongas el mismo par todos los días.
- Revisa el interior de cada zapato antes de ponértelo. No te ates los cordones ni demasiado apretados ni demasiado sueltos.
- Evita dar largos paseos sin hacer una pausa, quitarte los zapatos y los calcetines y comprobar si hay signos de presión (enrojecimiento) o úlceras.
- Es posible que necesites que te tomen las medidas para unos zapatos a medida para diabéticos que tengan espacio para una plantilla ortopédica para diabéticos, lo que puede reducir la presión y proporcionar estabilidad a un pie en situación de riesgo.
Ortesis
Los objetivos del uso de ortesis en el tratamiento del pie diabético son los siguientes:
- Prevenir las úlceras
- Proteger la estructura anatómica
- Regular (controlar) la presión del pie
Las plantillas ortopédicas también desempeñan un papel importante en el tratamiento de los pies diabéticos que han desarrollado previamente úlceras y el síndrome de Charcot.
Las compañías de seguros suelen cubrir el coste de las ortesis para las personas con diabetes que padecen complicaciones relacionadas, como neuropatía periférica o enfermedad arterial periférica. Son conscientes de lo importante que es minimizar el riesgo de que estos pacientes sufran úlceras por presión o desarrollen inestabilidad articular. Coméntalo con tu médico de cabecera o con tu especialista en pie y tobillo.
Normalmente se receta una ortesis de adaptación fabricada con un material blando llamado plastizote.
- La ortesis no debe ser dura, ya que esto aumentaría el riesgo de sufrir una úlcera por presión.
- La plantilla ortopédica se puede cambiar de un zapato a otro y debe utilizarse en todo momento al estar de pie o al caminar.
- El seguro suele cubrir tres pares de plantillas ortopédicas al año, y estas deben sustituirse en el calzado cada cuatro meses.
Puede ser necesario utilizar una ortesis semirrígida funcional para aliviar las zonas de presión, proporcionar mayor soporte al pie de Charcot y evitar el empeoramiento de una deformidad que podría provocar nuevas úlceras.
- Estas plantillas suelen fabricarse con una combinación de capas más rígidas y otras más blandas para proporcionar soporte y aliviar la presión.
- Es posible que un especialista cualificado en pie y tobillo o un podólogo ortopédico (una persona con formación específica para adaptar el calzado y utilizar dispositivos de apoyo para los pies y las extremidades inferiores) tenga que examinar su pie y colocarle una escayola.
- El seguro suele cubrir un par de plantillas ortopédicas al año, además de un calzado ortopédico o para diabéticos hecho a medida.
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