Enfermedades y afecciones
Enfermedad ósea metastásica
El cáncer que se origina en una zona del cuerpo —como un órgano, una glándula o un tejido— y que posteriormente se extiende a los huesos se denomina enfermedad ósea metastásica (EOM). Aproximadamente el 50 % de los cánceres que se originan en un órgano pueden extenderse (metastatizarse) al esqueleto.
Gracias a la mejora de los tratamientos médicos para muchos tipos de cáncer —especialmente el de mama, el de pulmón y el de próstata—, los pacientes viven más tiempo.
Todos los pacientes con cáncer deberían hablar con su oncólogo sobre el riesgo de desarrollar MBD. Algunos tipos de cáncer no se diseminan fácilmente a los huesos, mientras que otros sí lo hacen.
Entre los tipos de cáncer más frecuentes que se diseminan a los huesos se encuentran:
- Mama
- Pulmón
- Tiroides
- Riñón
- Próstata
La MBD puede provocar dolor en la zona afectada y dar lugar a daños y debilidad en el hueso. El hueso puede debilitarse tanto que se fracture con actividades de bajo esfuerzo o tras un traumatismo mínimo. Esto puede dificultar la realización incluso de actividades sencillas, como caminar o mantenerse de pie. En consecuencia, la pérdida de calidad de vida es una gran preocupación para los pacientes con MBD.
El grado de impacto que tiene la MBD en un paciente varía y depende del grado de diseminación del cáncer, de los huesos afectados y de la gravedad del daño óseo. No obstante, existen diversas opciones de tratamiento que pueden ayudar a los pacientes a controlar el dolor y a mantener su independencia y sus niveles de actividad.
Descripción
Después del pulmón y el hígado, el esqueleto es la sede más frecuente de diseminación de los cánceres que se originan en otros órganos. Las metástasis en el pulmón y el hígado a menudo no se detectan hasta una fase avanzada de la enfermedad, ya que los pacientes no presentan síntomas. Por el contrario, las metástasis óseas suelen ser dolorosas cuando se producen.
El cáncer se disemina con mayor frecuencia a estas partes del esqueleto:
- Columna vertebral
- Pelvis
- Costillas
- Calavera
- Parte superior del brazo
- Huesos largos de la pierna
Daño óseo
En ocasiones, el tumor provoca la destrucción del hueso en una zona concreta. Este proceso se denomina destrucción ósea osteolítica y es frecuente en los cánceres que se han extendido al hueso desde el pulmón, el tiroides, el riñón y el colon.
Por otra parte, puede formarse hueso nuevo como respuesta a la diseminación del cáncer. Estas lesiones osteoblásticas, que dan lugar a la formación de hueso nuevo, provocan que el hueso se debilite y se deforme. Las lesiones osteoblásticas se observan con mayor frecuencia en la diseminación del cáncer de próstata, de vejiga y de estómago.
El cáncer de mama suele presentar un comportamiento mixto, a la vez osteolítico y osteoblástico. La enfermedad ósea metastásica de tipo osteolítico y osteoblástico se produce porque las diferentes células cancerosas secretan factores que interactúan con las células que se encuentran de forma natural en el hueso y provocan la destrucción ósea, la formación de hueso nuevo o ambas cosas.
Efectos
Dado que la MBD debilita los huesos afectados, las personas que padecen esta enfermedad corren el riesgo de sufrir fracturas. Las fracturas provocadas por la MBD se denominan fracturas patológicas.
A veces, el hueso aún no se ha roto, pero está tan débil que la fractura es inminente, lo que se conoce como «fractura patológica inminente». Los pacientes con fracturas inminentes o ya producidas pueden verse obligados a permanecer en reposo en cama durante largos periodos de tiempo, lo que puede provocar posibles desequilibrios químicos en la sangre, como un aumento de los niveles de calcio (hipercalcemia). Consulte a su médico sobre las opciones disponibles para ayudar a prevenir las fracturas óseas.
Los pacientes con cáncer que se ha extendido a las vértebras pueden sufrir daños nerviosos que pueden provocar parálisis o la pérdida de la movilidad de las piernas y/o los brazos. Esto suele requerir una intervención quirúrgica.
Síntomas
- Dolor. El síntoma más frecuente de la MBD es el dolor. Los pacientes pueden sentir dolor en la columna vertebral, pelvis o las extremidades debido a que el tumor ha debilitado el hueso.
- Fracturas. Los huesos debilitados se rompen con mayor facilidad. Una fractura provocada por una lesión leve es otro posible síntoma de la MBD.
- Anemia. Las localizaciones más frecuentes de diseminación —columna vertebral, pelvis, costillas, cráneo, parte superior del brazo y huesos largos de la pierna— se corresponden con zonas de la médula ósea que producen altos niveles de glóbulos rojos, las células encargadas de transportar el oxígeno a los tejidos del organismo. La anemia (disminución de la producción de glóbulos rojos) es, por lo tanto, una anomalía sanguínea frecuente en pacientes con MBD.
Un paciente con cáncer que sienta cualquier tipo de dolor, especialmente en la espalda, las piernas y los brazos, debe informar de ello a su médico de inmediato. El dolor que se produce sin que se haya realizado una actividad intensa (por ejemplo, caminar o levantar un objeto) es especialmente preocupante.
Diagnóstico
Historia clínica y examen físico
Es importante que tu médico comprenda tu afección médica y tus síntomas. Te hará preguntas sobre la naturaleza del dolor que sientes, tu estado de salud actual y tus antecedentes médicos. La información que recopile tu médico se denomina «historial médico».
Tras recabar tus antecedentes médicos, tu médico te realizará un examen físico, centrándose en las zonas doloridas.
pruebas de imagen
Radiografías. Tras la entrevista y examen físico, tu médico te pedirá que te hagas radiografías si sospecha que padeces MBD. Dado que algunos dolores se irradian desde otras zonas (por ejemplo, sentir dolor en la rodilla tras una lesión en la cadera), es posible que tu médico te pida radiografías de huesos situados más allá de las zonas en las que sientes molestias.
La radiografía puede proporcionar al oncólogo mucha información sobre si el hueso está afectado y en qué medida.
Otras pruebas de imagen. Tu médico también puede solicitar una gammagrafía ósea de cuerpo entero. Esta prueba resulta útil para determinar si, además del hueso en cuestión, hay otros huesos afectados por la MBD. En determinados casos, tu médico puede solicitar una tomografía computarizada (TC) y/o una resonancia magnética (RM), especialmente si la columna vertebral o pelvis estar afectadas.
MBD frente al cáncer óseo primario
No se debe dar por sentado el diagnóstico de enfermedad ósea metastásica a menos que el paciente padezca un cáncer primario conocido que se haya diseminado previamente a los huesos.
Si tienes más de 45 años, no tienes antecedentes personales de cáncer y en una radiografía se detecta un tumor óseo, debes concertar una consulta con un oncólogo ortopédico (un cirujano ortopédico con formación avanzada en cirugía oncológica).
El oncólogo ortopédico determinará si este tumor óseo es una metástasis de un cáncer primario desconocido o si se trata de un cáncer óseo primario (sarcoma).
Por ejemplo, si se ha destruido una zona del hueso, los posibles diagnósticos incluyen una enfermedad ósea metastásica o un cáncer óseo primario, como el mieloma o el linfoma. Los cánceres que se originan en el hueso son mucho menos frecuentes en adultos mayores de 45 años. Otras posibles causas son enfermedades como el sarcoma de Paget, el sarcoma posradioterapéutico, el hiperparatiroidismo y las fracturas debidas a la osteoporosis. Probablemente serán necesarias pruebas adicionales para determinar el diagnóstico exacto.
Es posible que tengas que someterte a una biopsia. Esto consiste en extraer una muestra de tejido del tumor y examinarla bajo el microscopio. Puede realizarse en una consulta mediante una biopsia con aguja o, lo que es más habitual, mediante una pequeña intervención quirúrgica.
Pruebas en curso
Es muy importante detectar la MBD en una fase temprana. Cuanto antes se realice el diagnóstico, más eficaces serán los tratamientos a la hora de ayudar a mantener la funcionalidad y la calidad de vida.
Los pacientes con cáncer deben someterse de forma rutinaria a determinadas pruebas, entre las que se incluyen:
- Un hemograma completo (CBC), ya que la pérdida de glóbulos rojos (anemia) es un hallazgo frecuente en la enfermedad ósea metastásica o en el mieloma múltiple.
- Análisis bioquímicos de sangre (es decir, electrolitos, calcio y fosfatasa alcalina), ya que los niveles de ciertas sustancias pueden presentar anomalías en pacientes con enfermedad generalizada.
- Un análisis de orina (análisis urinario) para detectar sangre, que puede estar presente en pacientes con cáncer de riñón.
- Pruebas de función tiroidea, CEA, CA125 y antígeno prostático específico (PSA), cuyos resultadospueden ser anormales en pacientes con determinados tumores.
- Electroforesis de proteínas en suero y orina, pruebasimportantes para descartar el mieloma múltiple.
Diagnóstico definitivo
Una vez completados la anamnesis, examen físico, la radiografía y los análisis de laboratorio, su médico determinará si padece una enfermedad ósea metastásica.
Es importante señalar que muchos pacientes con cáncer sufren dolor óseo debido a determinados tipos de quimioterapia, y que el hecho de tener dolor óseo o articular no significa necesariamente que se padezca MBD. No obstante, es muy importante realizar un seguimiento minucioso si se padece dolor.
Opciones de tratamiento
En muchos casos de enfermedad ósea metastásica, el cáncer ha avanzado hasta el punto de afectar a múltiples zonas óseas. Por ello, el tratamiento suele centrarse en el control de los síntomas de dolor y fragilidad ósea, y no tiene como objetivo la curación.
Las opciones de tratamiento más habituales para la MBD incluyen la radioterapia, la cirugía y los medicamentos para controlar el dolor y evitar que la enfermedad siga avanzando. Tu médico también puede recomendarte una intervención quirúrgica para estabilizar un hueso débil o fracturado.
Los pacientes con enfermedad ósea metastásica requieren un enfoque de atención en equipo. Un oncólogo médico trabaja en estrecha colaboración con un cirujano ortopédico —que debe estar familiarizado con la enfermedad ósea metastásica— y un oncólogo radioterápico. También pueden formar parte de tu equipo de tratamiento especialistas en el tratamiento del dolor y trabajadores sociales. Tu oncólogo médico y/o cirujano determinarán a cuál de estos profesionales debes acudir para las citas de seguimiento.
Obtenga más información sobre las opciones de tratamiento para la enfermedad ósea metastásica en zonas concretas de diseminación.
Tratamiento no quirúrgico
Radiación
La radioterapia puede ser muy eficaz y es una de las terapias más habituales para tratar los síntomas en pacientes con MBD incurable. Al destruir las células cancerosas, la radioterapia alivia el dolor, detiene el crecimiento del tumor y puede evitar que el hueso se rompa.
La radioterapia también puede utilizarse para controlar el cáncer tras una intervención quirúrgica destinada a reparar un hueso fracturado. Las investigaciones demuestran que la radioterapia tras la cirugía mejora la funcionalidad del paciente y reduce la necesidad de someterse a nuevas intervenciones quirúrgicas. Sin embargo, cuando se produce una fractura, normalmente se realiza la cirugía antes de la radioterapia.
La MBD es un problema sistémico (que afecta a todo el organismo) y es poco probable que la radioterapia resulte curativa. Antes del tratamiento, el médico y el paciente deben tener claros los objetivos de la radioterapia: si se trata de aliviar los síntomas y el dolor, o si su finalidad es destruir por completo la enfermedad en el hueso afectado. Por lo tanto, el médico debe sopesar los posibles beneficios y riesgos de la radioterapia para cada paciente.
Los distintos tipos de cáncer responden de forma diferente a la radiación. Existen varios tipos de radioterapia.
Radioterapia de campo local. La radioterapia de campo local es el tipo de radioterapia más habitual para tratar la MBD. En este procedimiento, la radiación se dirige al tumor metastásico y al tejido inmediatamente adyacente. La radioterapia de campo local puede aplicarse a segmentos óseos completos o a varios huesos, dependiendo del número de zonas afectadas por la enfermedad.
El objetivo principal de la radioterapia es aliviar el dolor con los mínimos efectos secundarios. La radioterapia de campo local suele producir un alivio completo del dolor en entre el 50 % y el 60 % de los casos, y un alivio parcial en más del 80 % de los casos. La respuesta de la MBD a la radioterapia depende de muchos factores, entre ellos el tipo de cáncer (por ejemplo, el cáncer de mama suele responder muy bien a la radioterapia, mientras que el cáncer de riñón no) y la localización del tumor.
El dolor suele empezar a remitir en las primeras 1 o 2 semanas, pero puede tardar varios meses en desaparecer por completo. Por ello, tu médico te recetará analgésicos para que los tomes durante todo el tratamiento de radioterapia.
Irradiación de medio cuerpo. Esta radioterapia de campo amplio se utiliza a menudo en pacientes con enfermedad metastásica generalizada. En lugar de centrarse en huesos concretos, la irradiación de medio cuerpo se dirige a zonas más amplias de la parte superior del cuerpo, el tronco o la parte inferior del cuerpo.
La mayoría de los pacientes con cáncer metastásico presentan múltiples tumores. La irradiación de medio cuerpo se utiliza como complemento de la radioterapia de campo local y puede reducir la progresión de la enfermedad generalizada. Se utiliza con menos frecuencia que la radioterapia de campo local.
Terapia con radioisótopos. Como alternativa a la irradiación de medio cuerpo, la terapia con radioisótopos consiste en inyectar un medicamento radiactivo (radiofármaco) en una vena. Las zonas afectadas por la enfermedad ósea metastásica absorben el radiofármaco, que a continuación destruye las células tumorales. En comparación con la irradiación de medio cuerpo, la terapia con radioisótopos es más fácil de administrar a los pacientes y también resulta más fácil de tolerar para ellos.
Tratamiento farmacológico
Las opciones de tratamiento farmacológico para los pacientes con MBD incluyen:
- Quimioterapia. Este tratamiento utiliza combinaciones de diversos fármacos para destruir las células cancerosas. Dado que estos fármacos afectan a todo el organismo, también pueden dañar las células sanas, incluidos los glóbulos blancos y las plaquetas. La quimioterapia se administra en ciclos, con períodos de descanso entre ellos para permitir que se recupere el recuento de células sanguíneas.
- Terapia endocrina. También denominada terapia hormonal, este tratamiento farmacológico se utiliza para los tipos de cáncer en los que intervienen las hormonas. Las hormonas son sustancias químicas producidas por las glándulas del organismo. En determinados tipos de cáncer, las hormonas pueden favorecer el crecimiento y la diseminación de las células cancerosas, o bien destruirlas e impedir su crecimiento. El tratamiento consiste en aumentar los niveles de hormonas o en bloquear su producción. Es muy habitual recibir terapia endocrina para el cáncer de mama y de próstata.
- Bisfosfonatos. Estos medicamentos ayudan a prevenir el daño óseo causado por los tumores. Actúan interfiriendo en la acción de los osteoclastos, las células que intervienen en la resorción ósea. Los bisfosfonatos también se utilizan para tratar el dolor óseo y los niveles elevados de calcio en sangre (que pueden provocar diversos problemas de salud molestos y peligrosos). Además, los bisfosfonatos pueden ayudar a prevenir futuras fracturas.
Tratamiento quirúrgico
La cirugía para la MBD se utiliza para tratar o prevenir las fracturas óseas. Los objetivos son aliviar el dolor, reducir la necesidad de tomar analgésicos, recuperar la resistencia esquelética y volver a poder realizar las actividades cotidianas.
Un hueso fracturado o debilitado debe fijarse cuidadosamente en su posición y mantenerse sujeto hasta que sea lo suficientemente fuerte como para soportar peso. Durante la intervención quirúrgica, se puede extirpar el tumor y se estabiliza el hueso con dispositivos de fijación, como alambres, placas, varillas, clavos y tornillos. A menudo, se coloca cemento óseo en el defecto creado por el tumor para proporcionar mayor resistencia.
Las investigaciones demuestran que a los pacientes a los que se les practica una intervención quirúrgica para prevenir una fractura les va mucho mejor que a aquellos que necesitan una intervención tras producirse la fractura.
- Sus estancias hospitalarias son más cortas.
- Tienen más probabilidades de recibir el alta para volver a casa (en lugar de ser ingresados en un centro de enfermería especializada o de rehabilitación hospitalaria).
- Vuelven antes a sus actividades habituales.
- Presentan una mayor tasa de supervivencia y menos complicaciones quirúrgicas.
La cirugía para reforzar los huesos con riesgo de fractura también permite al oncólogo médico y al cirujano coordinar el tratamiento quirúrgico y la terapia sistémica.
La decisión de someterse a una intervención quirúrgica es compleja y se adapta a cada paciente de forma individualizada. Los cirujanos ortopédicos tienen en cuenta varios factores a la hora de determinar si un hueso corre riesgo de fracturarse. Entre ellos se incluyen si la zona es dolorosa, el tamaño del tumor y el aspecto del hueso en una radiografía.
Posibles complicaciones
Dado que los pacientes con enfermedad ósea metastásica suelen gozar de peor estado de salud que el paciente medio sometido a una intervención quirúrgica ortopédica y que la intervención es más compleja, se produce un aumento de los riesgos habituales de la cirugía, entre los que se incluyen la infección, la hemorragia, la formación de coágulos sanguíneos y el daño nervioso.
Por consiguiente, el paciente, la familia, el cirujano y el oncólogo deben tomar una decisión muy meditada, fundamentada y consensuada sobre si se debe llevar a cabo la intervención quirúrgica.
Conclusión
Los avances en las técnicas quirúrgicas, las radioterapias y los tratamientos médicos han mejorado significativamente la calidad de vida de las personas que padecen un cáncer que se ha extendido al esqueleto desde su lugar de origen.
Las opciones de tratamiento para la enfermedad ósea metastásica (MBD) dependen del grado de diseminación del cáncer, de los huesos afectados y de la gravedad del daño óseo. Para obtener más información sobre las opciones de tratamiento de la MBD en zonas específicas del esqueleto (como la parte superior del brazo o pelvis), consulta: Enfermedad ósea metastásica: opciones de tratamiento para zonas específicas de diseminación
Con el fin de ayudar a los médicos en el tratamiento del carcinoma metastásico y el mieloma del fémur, la American Academy of Orthopaedic Surgeons llevado a cabo una investigación para ofrecer algunas pautas útiles. Se trata únicamente de recomendaciones y es posible que no sean aplicables a todos los casos. Para más información: Tratamiento del carcinoma metastásico y el melanoma: guía de práctica clínica | American Academy of Orthopaedic Surgeons aaos.org)
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