Enfermedades y afecciones
Lesiones del plexo braquial
Este artículo ha sido redactado y/o revisado por un miembro de la Asociación Americana de Cirujanos de Hombro y Codo (ASES).
El plexo braquial es una red de nervios entrelazados que controlan el movimiento y la sensibilidad del brazo y la mano. Una lesión traumática del plexo braquial consiste en un daño repentino de estos nervios y puede provocar debilidad, pérdida de sensibilidad o pérdida de movilidad en el hombro, el brazo o la mano.
El plexo braquial comienza en el cuello y atraviesa la parte superior del tórax hasta llegar a la axila. Las lesiones en esta red de nervios suelen producirse cuando se tira del brazo con fuerza o se estira bruscamente.
Las lesiones leves del plexo braquial pueden curarse sin tratamiento. Las lesiones más graves pueden requerir una intervención quirúrgica para recuperar la función del brazo o la mano.
Anatomía
El plexo braquial está formado por cinco nervios que se originan en la médula espinal, a la altura del cuello. El plexo conecta estos cinco nervios con los que proporcionan sensibilidad (sensación) a la piel y permiten el movimiento de los músculos del brazo y la mano. Hay un plexo braquial a cada lado del cuerpo.
Cada uno de los cinco nervios del plexo braquial tiene una función específica, como inervar los músculos o transmitir información sensorial desde la mano hasta el cerebro. Dado que cada nervio tiene una función, la localización de la lesión nerviosa dentro del plexo es importante para predecir los resultados y planificar el tratamiento.
El plexo braquial consta de cinco secciones anatómicas, y las lesiones del plexo braquial pueden producirse en una o varias de estas zonas:
- Nervios espinales
- Bañadores
- Divisiones
- Cordones
- Sucursales
Causa
La mayoría de las lesiones traumáticas del plexo braquial se producen cuando se tira del brazo con fuerza o se estira bruscamente. Son muchos los incidentes que pueden provocar esta lesión, entre ellos las caídas, los accidentes de tráfico, las heridas por arma blanca y por arma de fuego y, sobre todo, los accidentes de motocicleta.
Se desconoce el número exacto de lesiones del plexo braquial que se producen cada año, pero parece que esta cifra está aumentando en todo el mundo. El aumento de la práctica de deportes de alta intensidad y el incremento de las tasas de supervivencia tras colisiones de vehículos a motor a alta velocidad pueden ser factores que contribuyan al aumento del número de estas lesiones.
Descripción
Las lesiones del plexo braquial varían mucho en cuanto a su gravedad, dependiendo del tipo de lesión y de la fuerza ejercida sobre el plexo. Un mismo paciente puede sufrir lesiones en varios nervios diferentes del plexo braquial, con distintos grados de gravedad.
- Avulsión.Se trata de la lesión más grave del plexo braquial. La raíz nerviosa se ha desprendido de la médula espinal; esto se denomina médicamente lesión por «avulsión». Es posible que este tipo de lesiones no puedan repararse con intervenciones quirúrgicas convencionales.
- Distensión (neuropraxia). Cuando el nervio sufre una distensión leve, puede curarse por sí solo o requerir métodos de tratamiento sencillos y no quirúrgicos para recuperar su función normal.
- Rotura. Un estiramiento demasiado fuerte del nervio puede provocar su rotura parcial o total. Este tipo de lesiones a veces pueden repararse mediante cirugía.
Lesión por parálisis de la parte superior del tronco
La parálisis de la parte superior del tronco se produce cuando el ángulo entre el hombro y el cuello se ensancha de forma brusca, por ejemplo, cuando una caída empuja el hombro hacia abajo y la cabeza hacia el lado opuesto.
Los pacientes con parálisis del tronco superior son incapaces de utilizar el hombro para levantar el brazo alejándolo del cuerpo, presentan debilidad en el brazo y pueden ser incapaces de doblarlo por el codo. Puede producirse una pérdida de sensibilidad en el hombro, en la parte exterior del brazo y en el pulgar.
Una lesión grave en la parte superior del tronco puede provocar la parálisis de los músculos del hombro (músculo deltoides y manguito rotador), así como del músculo de la parte superior del brazo (bíceps).
Lesión por parálisis de la parte inferior del tronco
La parálisis del tronco inferior se produce cuando el ángulo entre el brazo y la pared torácica se ensancha de forma brusca. Esto puede dañar los nervios inferiores y los troncos inferiores.
Los pacientes con parálisis del tronco inferior suelen conservar la fuerza en el hombro y el codo, pero pierden la función de la mano. Con el tiempo, esto provoca que los dedos se contraigan adoptando una posición en garra, y el paciente no podrá realizar tareas que requieran motricidad fina. Además, los pacientes suelen presentar entumecimiento en al menos el dedo anular y el meñique.
Lesión por parálisis panplexal
La parálisis panplexal puede producirse si la fuerza de la lesión es extrema. En la parálisis panplexal, se ven afectados todos los niveles de los nervios y el tronco. Esto da lugar a una parálisis completa del brazo y la mano, lo que a menudo se denomina «miembro en flail».
Heridas de bala
Las lesiones del plexo braquial provocadas por una herida de bala no suelen causar daños graves en los nervios.
La gravedad de la herida dependerá del calibre de la bala, su velocidad y el ángulo de entrada.
- Las balas de baja velocidad suelen dañar los nervios al impactar directamente contra ellos.
- Las balas de alta velocidad pueden lesionar los nervios por impacto directo (contusión) o, más habitualmente, por ondas de choque que distienden el nervio. Las lesiones por distensión y contusión nerviosas suelen curarse por sí solas.
Las heridas de bala también pueden provocar lesiones en arterias o venas que requieran una reparación inmediata o diferida.
Heridas penetrantes
Una lesión del plexo braquial provocada por una herida penetrante, como una herida de cuchillo (laceración), puede dañar o seccionar el nervio. Este tipo de lesión nerviosa no suele curarse por sí sola, por lo que requiere un tratamiento más inmediato.
Lesiones adicionales
Dado que las lesiones del plexo braquial suelen estar provocadas por accidentes violentos y de gran impacto, muchos pacientes presentan lesiones adicionales. Entre ellas pueden figurar lesiones arteriales o venosas, fracturas de hombro o brazo, fracturas de costillas, colapso pulmonar, hemorragia pulmonar o en la cavidad torácica, fracturas de columna, lesión medular y traumatismo craneoencefálico.
Síntomas
Los síntomas varían en función del tipo y la localización de la lesión del plexo braquial, así como de si el paciente ha sufrido otras lesiones. Los síntomas más comunes de la lesión del plexo braquial son los siguientes:
- Debilidad o entumecimiento
- Pérdida de sensibilidad
- Pérdida de movilidad (parálisis)
- Dolor
El dolor provocado por las lesiones del plexo braquial se debe a una lesión en la médula espinal, en la que las raíces nerviosas se desprenden de la médula. Este dolor es de naturaleza neuropática; puede resultar muy difícil de sobrellevar y puede prolongarse durante mucho tiempo.
Las lesiones del plexo braquial que se producen a la altura de la médula espinal suelen provocar un dolor más intenso que las lesiones situadas más lejos de la médula espinal. Además, las lesiones más cercanas a la médula espinal pueden provocar un entumecimiento con sensación de ardor, lo que se denomina parestesia o disestesia.
Revisión médica
Los pacientes con lesiones del plexo braquial deben ser evaluados y tratados en un plazo adecuado, normalmente entre 6 y 7 meses después de la lesión. Cuanto más tiempo permanezca un músculo sin estimulación nerviosa, menos probable será que vuelva a funcionar con normalidad en el futuro. Esto es así incluso si el músculo acaba recuperando sus señales nerviosas.
El plazo exacto para acudir al médico depende del tipo de lesión y de su localización.
examen físico
Si tu médico sospecha que tienes una lesión del plexo braquial, te realizará un examen exhaustivo para diagnosticar la lesión y determinar si hay alguna lesión asociada. Examinará todos los grupos nerviosos controlados por el plexo braquial para identificar la localización específica de la lesión nerviosa y su gravedad.
El esquema según el cual los nervios del plexo braquial controlan los distintos músculos del brazo y la mano ayudará a tu médico a identificar posibles zonas de lesión nerviosa. Tu médico examinará todos los grupos nerviosos controlados por el plexo braquial.
Además, algunos pacientes presentan signos específicos que ayudan a determinar la localización de la lesión nerviosa:
- El estrechamiento de las pupilas, la caída del párpado y la incapacidad de la cara para sudar (síndrome de Horner) son signos de que la lesión se encuentra cerca de la médula espinal.
- Un dolor punzante similar al de un nervio cuando el médico da golpecitos a lo largo de los nervios afectados (signo de Tinel) sugiere una lesión más alejada de la médula espinal. Si, con el tiempo, la localización del signo de Tinel se desplaza hacia abajo por el brazo, en dirección a la mano, es un indicio de que la lesión se está curando por sí sola.
Durante la examen físico, tu médico también evaluará la estabilidad y amplitud de movimiento de tu brazo y hombro.
pruebas de imagen
Radiografías. Las radiografías permiten obtener imágenes nítidas de estructuras densas, como los huesos. Se realizan radiografías del cuello, el tórax, el hombro y el brazo para descartar fracturas asociadas. Las radiografías de tórax se realizan para detectar fracturas de costillas o lesiones pulmonares. Si no es capaz de inspirar profundamente durante la radiografía de tórax, su médico podría plantearse realizar pruebas de función pulmonar con la ayuda de un neumólogo para descartar daños en los nervios que controlan la respiración profunda.
Tomografía computarizada (TC).La TC se considera la prueba más fiable para detectar lesiones por avulsión (desgarro) de los nervios espinales. Se inyecta un medio de contraste alrededor de la médula espinal en la zona cervical para visualizar con mayor claridad la lesión en la imagen de la TC. La TC suele realizarse al menos entre 3 y 4 semanas después de la lesión, para permitir que se disuelvan los posibles coágulos de sangre que puedan haber alrededor de la raíz nerviosa. Algunos centros también pueden utilizar la resonancia magnética (RM) en lugar de la TC, o como complemento de esta.
Estudios electrodiagnósticos. Estas pruebas miden la conducción nerviosa y las señales musculares. Son herramientas de evaluación importantes, ya que permiten confirmar el diagnóstico, localizar la lesión nerviosa, determinar su gravedad y evaluar el ritmo de recuperación del nervio. Se realiza un examen electrodiagnóstico inicial entre 3 y 4 semanas después de la lesión. Esto permite detectar cualquier degeneración nerviosa que pueda producirse. Los estudios electrodiagnósticos se repiten entre 2 y 3 meses después del estudio inicial y, posteriormente, de forma periódica para evaluar si los nervios se están recuperando.
Tratamiento no quirúrgico
Muchas lesiones del plexo braquial se recuperan de forma espontánea sin necesidad de cirugía en un plazo de semanas o meses, sobre todo si son leves. Las lesiones nerviosas que se curan por sí solas suelen tener mejores resultados funcionales. Si tu médico considera que la lesión tiene buenas perspectivas de recuperación sin cirugía, es posible que posponga las intervenciones y se limite a realizar un seguimiento de la lesión.
El proceso de recuperación del nervio lleva tiempo, y es posible que tu médico te recomiende fisioterapia para prevenir la rigidez articular y muscular.
Tratamiento quirúrgico
Normalmente se recomienda el tratamiento quirúrgico cuando los nervios no se recuperan por sí solos o no lo hacen lo suficiente como para restablecer la función necesaria del brazo y la mano. Es importante tener en cuenta que, dependiendo de la gravedad de la lesión, es posible que ni siquiera la cirugía consiga que el brazo o la mano vuelvan a la normalidad.
Consideraciones
Recuperación. Durante la consulta con tu médico, será importante establecer objetivos y expectativas realistas respecto al tratamiento quirúrgico. Los nervios se curan lentamente. El periodo de recuperación tras la intervención suele ser largo y requiere un firme compromiso con un programa de rehabilitación integral para recuperar las capacidades físicas. Esto es algo que debes tener en cuenta a la hora de decidir si te sometes a la intervención.
Candidatos para la cirugía. Aunque la cirugía del plexo braquial puede ayudar a recuperar la función en muchos pacientes, hay algunos factores que impiden que un paciente sea candidato para la cirugía, siendo el más importante las expectativas poco realistas. Otros factores son:
- Padecer rigidez articular y contracturas
- Edad avanzada
- Lesiones o afecciones médicas adicionales
- Sufrir una lesión cerebral traumática o una lesión medular
Tu médico te explicará si eres candidato para la intervención quirúrgica.
Complicaciones.
- Es posible que el tratamiento quirúrgico no permita recuperar la movilidad deseada o que la herida quirúrgica se infecte. Cualquiera de estas dos situaciones podría requerir una nueva intervención quirúrgica.
- Los pacientes con problemas médicos preexistentes presentan riesgos potenciales adicionales relacionados con cualquier cirugía reconstructiva de gran envergadura, entre los que se incluyen el dolor crónico, los coágulos sanguíneos, el infarto de miocardio, el ictus e incluso la muerte.
Intervenciones quirúrgicas
Para tratar las lesiones nerviosas se utilizan varias técnicas quirúrgicas, en función del tipo de lesión y del tiempo transcurrido desde que se produjo.
En la mayoría de las intervenciones, el cirujano realiza una incisión cerca del cuello, por encima de la clavícula. Si la lesión se extiende a lo largo del plexo braquial, es posible que el cirujano tenga que realizar otra incisión en la parte delantera del hombro. Para reparar o volver a conectar los nervios, los cirujanos suelen utilizar microscopios de alta potencia e instrumentos pequeños y especializados.
Reparación nerviosa. En esta intervención, el cirujano vuelve a unir los dos extremos desgarrados de un nervio seccionado. La reparación nerviosa suele realizarse de forma inmediata en caso de laceraciones agudas de los nervios, como las provocadas por una herida de cuchillo.
Injerto nervioso. El injerto nervioso es una intervención en la que se sutura un nervio sano, extraído de otra parte del cuerpo, entre los dos extremos de un nervio seccionado. El nervio trasplantado actúa como un andamio para sostener los extremos lesionados mientras se regeneran y vuelven a unirse. El injerto nervioso solo puede realizarse si existe un muñón nervioso funcional en la médula espinal capaz de conducir la señal nerviosa. El objetivo es que el nervio trasplantado guíe el recrecimiento nervioso y, en última instancia, restablezca las señales nerviosas para activar los músculos paralizados.
Trasplante de nervio. La intervención de trasplante de nervio se utiliza cuando no hay muñones nerviosos funcionales en el cuello a los que se puedan conectar los injertos nerviosos. En esta intervención, se secciona un nervio donante sano y se vuelve a conectar al nervio lesionado para transmitir una señal al músculo paralizado. En muchos casos, el nervio sano se conecta más cerca del músculo afectado. En otros casos, el nervio sano se conecta al nervio dañado dentro del plexo braquial.
Trasplantes de tendones y músculos. Los pacientes que retrasan esa primera visita al médico más de 12 meses después de la lesión suelen obtener malos resultados con la cirugía para reconstruir o reparar los nervios. Estos pacientes obtienen mejores resultados con una cirugía centrada en la reconstrucción del tendón (trasplante de tendón) o del músculo (trasplante de músculo con función libre).
Una transferencia tendinosa es una intervención en la que se corta el tendón de un músculo funcional y se sutura al tendón de un músculo no funcional para recuperar un movimiento específico o una función motora.
En una transferencia muscular de función libre, se traslada un músculo de una parte del cuerpo a la zona lesionada, junto con su tendón, arteria, vena y nervio. Cada una de estas estructuras se une a las estructuras correspondientes de la zona lesionada para restablecer el movimiento o la función motora.
Recuperación y rehabilitación
Dado que la regeneración nerviosa se produce lentamente, a un ritmo de aproximadamente 1 mm al día, la recuperación tras una lesión del plexo braquial lleva tiempo, y es posible que los pacientes no noten resultados hasta pasados varios meses. Una actitud positiva y el apoyo de la familia, los amigos y los profesionales sanitarios son importantes para la recuperación y la rehabilitación.
Durante este proceso de recuperación, los terapeutas ocupacionales enseñan a los pacientes a utilizar el brazo no afectado para realizar actividades cotidianas como comer y asearse.
La fisioterapia del hombro, el codo, la muñeca y los dedos consiste en ejercicios específicos para prevenir la rigidez, las contracturas o la atrofia muscular. Un fisioterapeuta también puede recomendar dispositivos de ayuda, como férulas o aparatos de sujeción, para ayudar a sostener el brazo y las articulaciones flácidas. Se pueden utilizar guantes y mangas de compresión para prevenir la hinchazón en el brazo afectado, que puede provocar dolor y contracturas articulares.
El dolor puede tratarse con medicamentos, terapia y/o dispositivos de apoyo.
Además, los pacientes necesitarán desarrollar habilidades de adaptación adecuadas para ajustar su vida —tanto en lo que respecta al trabajo como a las actividades cotidianas— ante la perspectiva de tener un brazo y/o una mano con menor funcionalidad.
Evolución futura
Aunque las lesiones del plexo braquial pueden ser devastadoras y difíciles de tratar, el enfoque de equipo en el tratamiento ha permitido lograr mejoras significativas en la funcionalidad de los pacientes. Aunque la tecnología actual no puede devolver a los pacientes con una extremidad inerte a su estado anterior a la lesión, recuperar parte de la funcionalidad del brazo supone un avance importante.
Entre los avances futuros en el tratamiento de estas lesiones se incluyen técnicas más novedosas para reparar o trasplantar nervios, así como nuevos medicamentos o materiales que contribuyan a favorecer y estimular la regeneración nerviosa saludable.
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