Los tumores óseos se desarrollan cuando las células del hueso se dividen de forma descontrolada, formando un bulto o una masa de tejido anómalo.

La mayoría de los tumores óseos son benignos (no cancerosos). Los tumores benignos no suponen un riesgo para la vida y, en la mayoría de los casos, no se extienden a otras partes del cuerpo. Sin embargo, algunos de ellos deben tratarse. Las opciones de tratamiento varían en función del tipo de tumor y del hueso afectado, y van desde la simple observación hasta la cirugía para extirpar el tumor.

Algunos tumores óseos son malignos (cancerosos). Los tumores óseos malignos pueden metastatizar, esdecir, provocar que las células cancerosas se propaguen por todo el cuerpo. El tratamiento de los tumores malignos consiste en una combinación de quimioterapia, radioterapia y cirugía. Algunos cánceres óseos solo requerirán uno de estos tratamientos, mientras que otros pueden necesitar dos o tres tipos de tratamiento.

Tipos de cáncer de hueso

Los tumores óseos pueden afectar a cualquier hueso del cuerpo y desarrollarse en cualquier parte del hueso, desde la superficie hasta el centro y desde los extremos hasta la parte media. Un tumor óseo en crecimiento —incluso uno benigno— destruye el tejido sano y debilita el hueso, lo que lo hace más vulnerable a las fracturas.


Cuando un tumor óseo es canceroso, se trata bien de un cáncer óseo primario, bien de un cáncer óseo secundario.

  • Un cáncer óseo primario se origina en el hueso.
  • Un cáncer óseo secundario se origina en otra parte del cuerpo y, posteriormente, hace metástasis o se extiende a los huesos. El cáncer óseo secundario también se denomina enfermedad ósea metastásica.

Entre los tipos de cáncer que se originan en otras partes del cuerpo y que suelen extenderse (metastatizarse) a los huesos se incluyen:

  • Mama
  • Pulmón
  • Tiroides
  • Renal (riñón)
  • Próstata

Cáncer óseo primario

Los cuatro tipos más comunes de cáncer óseo primario son:

  • Mieloma múltiple. El mieloma múltiple es el cáncer óseo primario más frecuente. Se trata de un tumor maligno de la médula ósea, el tejido blando situado en el centro de muchos huesos que produce células sanguíneas. Cualquier hueso puede verse afectado por este cáncer.
    El mieloma múltiple afecta aproximadamente a siete personas de cada 100 000 cada año. Según el Instituto Nacional del Cáncer, más de 130 000 personas conviven con la enfermedad cada año. La mayoría de los casos se dan en pacientes de entre 50 y 70 años. El mieloma múltiple se trata normalmente con quimioterapia, radioterapia y, en ocasiones, cirugía. La cirugía en personas con mieloma múltiple se suele utilizar para tratar las complicaciones del cáncer: por ejemplo, para estabilizar huesos debilitados o fracturados.
  • Osteosarcoma. El osteosarcoma es el segundo cáncer óseo primario más frecuente. Se da en entre dos y cinco personas por cada millón cada año, y la mayoría de los casos se dan en adolescentes y niños. La edad media de las personas con osteosarcoma es de 15 años. Sin embargo, hay un grupo más reducido de personas que desarrollan osteosarcoma entre los 60 y los 80 años. A menudo, esto es consecuencia de una enfermedad preexistente (por ejemplo, la enfermedad ósea de Paget). La mayoría de los tumores se desarrollan alrededor de la rodilla, ya sea en el fémur (hueso del muslo) o en la tibia (espinilla). Otras localizaciones frecuentes son la cadera y el hombro. El osteosarcoma se trata normalmente con quimioterapia y cirugía.
  • Sarcoma de Ewing. El sarcoma de Ewing suele aparecer en pacientes de entre 5 y 20 años. Las localizaciones más frecuentes son la parte superior e inferior de la pierna, pelvis, la parte superior del brazo y las costillas. El sarcoma de Ewing se trata normalmente con quimioterapia y, además, con cirugía o radioterapia.
  • Condrosarcoma. El condrosarcoma es un tumor maligno formado por células productoras de cartílago. Se da con mayor frecuencia en pacientes de entre 40 y 70 años. La mayoría de los casos se producen en la zona de la cadera, pelvis o el hombro. A menudo, la cirugía es el único tratamiento utilizado para el condrosarcoma.

Tumores óseos benignos

Existen muchos tipos de tumores óseos benignos, así como algunas enfermedades y afecciones que se asemejan a los tumores óseos. Aunque estas afecciones no son propiamente tumores óseos, en muchos casos requieren el mismo tratamiento.

Entre los tipos más comunes de tumores óseos benignos —y las afecciones que suelen agruparse con los tumores— se incluyen:

¿Qué causa los tumores óseos?

En la mayoría de los tumores óseos se desconoce la causa.

Síntomas de los tumores óseos

Las personas con un tumor óseo suelen sentir dolor en la zona del tumor. Esto es especialmente cierto si el tumor está activo o ha provocado un debilitamiento del hueso circundante. El dolor se describe generalmente como sordo y persistente. Puede estar presente en reposo, pero puede empeorar con la actividad. El dolor, especialmente si se produce por la noche o cuando no se está activo, es motivo de preocupación y debe ser evaluado por un médico.

Otros síntomas de un tumor óseo pueden ser la fiebre y los sudores nocturnos. Sin embargo, estos síntomas también pueden aparecer en personas con infecciones óseas.

Muchas personas con tumores benignos (no cancerosos) no presentan ningún síntoma. Estos tumores suelen detectarse de forma fortuita cuando se realizan e pruebas de imagen , como radiografías o resonancias magnéticas, para diagnosticar otra afección (por ejemplo, una lesión de rodilla o una fractura de brazo). En el caso de algunos tumores benignos, las personas notan una masa indolora.

Aunque los tumores óseos no están provocados por traumatismos, una lesión puede, en ocasiones, hacer que un tumor empiece a doler. Una lesión también puede provocar que un hueso debilitado por un tumor se fracture o se rompa. Esto puede resultar muy doloroso.

Diagnóstico de los tumores óseos

Las infecciones, las fracturas por estrés y otras afecciones no tumorales pueden presentar síntomas muy similares a los de los tumores. Para determinar si padeces un tumor óseo, tu médico te realizará una evaluación exhaustiva y te prescribirá una serie de pruebas.

Historial médico

Como parte de la exploración, tu médico te hará un historial médico completo. Te preguntará por tu estado de salud general, los medicamentos que tomas y tus síntomas actuales. Tu médico también querrá saber si tú o algún miembro de tu familia tiene antecedentes de algún tumor o cáncer.

examen físico

Tu médico te realizará un examen físico exhaustivo, centrándose en la masa tumoral. Buscará:

  • Hinchazón o dolor a la palpación en la zona del tumor
  • Alteraciones en la piel suprayacente
  • La presencia de una masa
  • Cualquier efecto que el tumor pueda tener en las articulaciones cercanas

En algunos casos, el médico te examinará otras partes del cuerpo para descartar cánceres que puedan extenderse a los huesos.

Pruebas

Radiografías. Las radiografías proporcionan imágenes de los huesos. En la mayoría de los casos, el médico solicitará una radiografía para ayudar a diagnosticar un tumor óseo. Los distintos tipos de tumores pueden presentar un aspecto diferente en la radiografía. Algunos disuelven el hueso o perforan el hueso. Otros provocan la formación de hueso adicional. Algunos pueden hacer ambas cosas.

Tumor óseo en el muslo

Tumor del fémur (hueso del muslo). Esta radiografía muestra un tumor que provocó una erosión con forma de platillo en el extremo del fémur. La imagen insertada muestra el mismo tumor mediante una resonancia magnética (RM) transversal.

Más información: pruebas de imagen.Si es necesario, tu médico te prescribirá una resonancia magnética (RM), una tomografía computarizada (TC) o una gammagrafía ósea para evaluar mejor tu tumor. Si el médico sospecha que un tumor óseo está relacionado con un cáncer en otra parte de tu cuerpo, puede prescribirte tomografías computarizadas o una tomografía por emisión de positrones (PET) de otras partes del cuerpo para detectar otros tumores.

Una tomografía por emisión de positrones (PET) es una prueba de medicina nuclear. Se utiliza a menudo para detectar el cáncer y para comprobar si este se ha extendido. En ella se emplea una pequeña cantidad de trazador radiactivo, totalmente segura, para localizar células cancerosas en los órganos y los tejidos blandos. Las células cancerosas aparecen como puntos brillantes en las imágenes de la PET. 

Análisis de sangre u orina. Aunque existen análisis de sangre para detectar cánceres en otras partes del cuerpo (por ejemplo, cáncer de mama o de próstata), no hay análisis de sangre que permitan detectar o ayudar a diagnosticar tumores óseos benignos ni cánceres óseos primarios. 

No obstante, es posible que tu médico te pida análisis de sangre y/o de orina para descartar otras enfermedades. Por ejemplo, los análisis de sangre pueden ser útiles si tu médico intenta determinar, basándose en tus síntomas y en las pruebas de imagen, si padeces una infección o un tumor. Además, los análisis de sangre y de orina son útiles para diagnosticar el mieloma múltiple, en caso de que tu médico sospeche que puedas padecerlo.

Tumor óseo del fémur (hueso del muslo)

Tumor del fémur (hueso del muslo). Esta radiografía muestra un tumor en la parte media del fémur. El tumor también se aprecia en una resonancia magnética (RM). El recuadro de la parte superior muestra una imagen coronal de la RM. El recuadro de la parte inferior muestra una imagen transversal de la RM. Las flechas de todas las imágenes señalan la ubicación del tumor.

Tumor y fractura patológica del húmero (brazo)

Tumor y fractura del húmero (brazo). Esta radiografía muestra una fractura que atraviesa un tumor situado en la parte media del hueso del brazo.

Biopsia.Algunos tumores benignos pueden identificarse por su aspecto en las radiografías o en las resonancias magnéticas. Puede ser necesaria una biopsia si el diagnóstico no está claro, sobre todo en el caso de tumores que causan dolor o si el médico sospecha que se trata de un cáncer óseo.

En una biopsia, se extrae una muestra de tejido del tumor. Esta muestra se examina al microscopio y la analiza un patólogo (un médico que identifica enfermedades mediante el estudio de células anormales).

Existen dos métodos básicos para realizar una biopsia:

  • Biopsia con aguja. En esta intervención, se introduce una aguja en el tumor para extraer una muestra de tejido. Primero se le administrará anestesia local. La biopsia con aguja de un tumor óseo suele realizarla un radiólogo. Se utilizará una prueba de imagen, como una radiografía, una tomografía computarizada o una resonancia magnética, para ayudar a dirigir la aguja.
Biopsia con aguja

En una biopsia con aguja, el médico introduce una aguja en el tumor para extraer una muestra de tejido.

  • Biopsia abierta. La biopsia abierta la realiza un cirujano en un quirófano. Una vez que te hayan administrado anestesia general para que te duermas, el cirujano realizará una pequeña incisión y extraerá una muestra de tejido.
Biopsia abierta

En una biopsia abierta, el médico extrae tejido mediante una intervención quirúrgica. Esto suele realizarse en un quirófano.

Ninguno de los dos tipos de biopsia provocará que el tumor se extienda.

Tratamiento no quirúrgico de los tumores óseos

Tumores benignos

Si el tumor es benigno, es posible que tu médico te recomiende simplemente realizar un seguimiento estrecho para ver si sufre cambios. Esto es especialmente cierto si el tumor no provoca ningún síntoma y no está debilitando el hueso.

Durante este tiempo, es posible que necesites radiografías de seguimiento periódicas u otras pruebas. Sin embargo, hay algunos tumores benignos (por ejemplo, el tumor de células gigantes) que seguirán creciendo y causando un daño cada vez mayor al hueso.

Algunos tumores benignos pueden tratarse eficazmente con medicación. Otros desaparecerán o se rellenarán de hueso con el tiempo sin necesidad de cirugía. 

Tumores malignos

Si padeces cáncer óseo, el tratamiento contará con un equipo de médicos de diferentes especialidades que trabajarán conjuntamente para prestarte asistencia. Algunos de estos especialistas serán oncólogos, es decir, médicos especializados en el tratamiento del cáncer. Tu equipo puede estar formado por un oncólogo ortopédico, un oncólogo médico, un oncólogo radioterápico, un radiólogo y un patólogo.

El objetivo del tratamiento es curar el cáncer y, al mismo tiempo, preservar, en la medida de lo posible, la función de la parte del cuerpo afectada por el tumor.

El tratamiento depende de varios factores, entre ellos el estadio y la localización del cáncer. Si el cáncer está localizado (no se ha extendido), significa que las células cancerosas se limitan al tumor y a la zona inmediatamente circundante. Cuando el cáncer ha alcanzado un estadio metastásico, se ha extendido a otras partes del cuerpo y puede ser más grave y más difícil de curar.

Los médicos suelen combinar varios métodos para tratar los tumores óseos malignos:

  • Radioterapia. La radioterapia utiliza rayos X en dosis elevadas para destruir las células cancerosas y reducir el tamaño de los tumores. Este tratamiento solo actúa sobre el cáncer situado en la zona por la que pasa el haz de radiación. No trata el cáncer presente en otras partes del cuerpo. Solo unos pocos sarcomas óseos primarios (por ejemplo, el sarcoma de Ewing) responden a la radioterapia. En el caso de otros tipos de cánceres óseos primarios, la radioterapia puede utilizarse si el tumor no puede extirparse de forma segura o completa mediante cirugía. Su médico determinará si la radioterapia es la mejor opción de tratamiento en su caso.
  • Quimioterapia (tratamiento sistémico, es decir, que afecta a todo el cuerpo). La quimioterapia se utiliza a menudo para destruir las células tumorales cuando estas se han diseminado por el torrente sanguíneo, aunque aún no se hayan detectado en los análisis y las pruebas de imagen. Por lo general, se recurre a ella cuando los tumores cancerosos tienen un riesgo muy elevado de diseminarse. La quimioterapia suele administrarse por vía intravenosa (inyección en una vena) o en forma de comprimido o cápsula que se ingiere.

Por lo general, los tumores óseos malignos primarios se extirpan mediante cirugía. En algunos casos de cáncer óseo primario, se utiliza la quimioterapia en combinación con la cirugía. En el caso de los cánceres óseos metastásicos o del mieloma, el tratamiento se centra en la quimioterapia y, en ocasiones, en la radioterapia, y la cirugía solo se utiliza para tratar los huesos que se han fracturado o que corren el riesgo de fracturarse.

Tratamiento quirúrgico de los tumores óseos

Tumores benignos

En algunos casos, tu médico puede recomendarte extirpar el tumor (escisión) o aplicar otra técnica para aliviar el dolor.

Algunos tumores benignos pueden ser agresivos, destruir grandes cantidades de hueso y aumentar el riesgo de sufrir fracturas. Estos tumores suelen tratarse con cirugía.

Algunos tumores pueden reaparecer, incluso repetidamente, tras un tratamiento adecuado. En contadas ocasiones, ciertos tumores benignos pueden extenderse (metastatizarse).

Tumores malignos

Cirugía de preservación de la extremidad. En esta intervención se extirpa la parte ósea afectada por el cáncer, así como los músculos o tendones cercanos que estén afectados por el tumor. El cirujano extirpará el tumor y una porción de tejido sano a su alrededor. Intentará mantener intactos los nervios y los vasos sanguíneos siempre que sea posible. El hueso extirpado se sustituye posteriormente por un implante metálico (prótesis), hueso extraído de otra parte del cuerpo del paciente o hueso de un donante.

Amputación. La amputación es una intervención quirúrgica que consiste en extirpar la totalidad o una parte de un brazo o una pierna. Se suele realizar:

  • Cuando están afectados los nervios y los vasos sanguíneos.
  • Si el tumor es grande y afecta a tanta masa muscular alrededor del hueso que su extirpación provocaría la pérdida de la funcionalidad del brazo o la pierna.

Una prótesis puede ayudar a recuperar la funcionalidad tras una amputación.

Recuperación

La duración y la complejidad de tu recuperación dependen del tipo de tumor, así como del tipo de intervención y de los demás tratamientos a los que te hayas sometido.

Tras el tratamiento, seguirás acudiendo al médico para realizar visitas de seguimiento periódicas y pruebas cada pocos meses. Aunque el tumor haya desaparecido, es importante vigilar tu organismo para detectar cualquier signo de recidiva. Los tumores que reaparecen pueden suponer graves problemas, por lo que es importante detectarlos a tiempo.

Aunque en las pruebas de imagen realizadas inmediatamente después del tratamiento no se observaran otras zonas tumorales, estas pueden aparecer más adelante. Esto no significa que el cáncer no se haya extirpado por completo. A menudo significa que había zonas tumorales demasiado pequeñas para detectarlas en las tomografías computarizadas (TC) o en las tomografías por emisión de positrones (PET), pero que comenzaron a crecer más tarde, tras el tratamiento.